lunes, 23 de enero de 2012

Buscamos la felicidad donde no esta

Buscamos la felicidad donde no esta

"A veces siento que me gustaría estar al lado de la cama de cada ser humano en el momento en que se levanta por la mañana para recordarle: ¡Sé feliz! ¡Sos mucho mejor de lo que piensas!", ríe Alberto Lóizaga, psicoanalista y fundador del Centro de Actitudes que Sanan.
"El problema es que buscamos la felicidad donde no está: de afuera hacia adentro; cuando el proceso es al revés. Vivimos llenos de miedos, atrapados en el temor al qué dirán; si nos quieren o no; si nos valoran o no. Convencidos de que seremos felices cuando tengamos más dinero, una casa más grande y mejor ubicada o un auto más importante. Cuando viajemos y logremos el lugar que nos corresponde en la empresa donde trabajamos y tantas otras cosas", agrega.
Alberto Lóizaga es uno de los introductores de la medicina mente-cuerpo entre nosotros, con libros como Psicoanálisis actual, donde trata la relación de la meditación con el psicoanálisis, y Ser uno mismo, una guía hacia la felicidad a través de la meditación, que presentó días atrás.
"Sin embargo, si bien el logro de estas metas puede crear satisfacciones, tarde o temprano terminará por dejarnos un sabor a nada, vacíos y en espera de una nueva oportunidad. Hasta que comprendamos que nada de eso nos va a dar la auténtica felicidad, la alegría profunda de ser nosotros mismos, de amar desinteresadamente", apunta.
-¿Cuál es el camino?
-Entrar en contacto con nuestro ser, un espacio en lo más profundo de nosotros donde no hay temor, donde reina la paz y el amor. Pero no podemos lograrlo por medio del pensamiento, porque nuestro intelecto mira la realidad y la transforma en signos, sin una experiencia directa. Pensemos en una manzana: el intelecto ve la manzana y comienza a describirla, analiza su color, textura, consistencia, composición, forma de cultivo, etcétera. Un tratado sobre la manzana puede ocupar bibliotecas enteras, pero nuestro conocimiento no es una experiencia directa. En cambio, morder una manzana, comerla, es una vivencia. Hay un abismo entre comer una manzana y reflexionar o leer sobre ella. Es decir que para entrar en contacto con nuestro ser tenemos que superar la barrera del pensamiento. Y para mí, desde hace alrededor de 40 años, ese medio es la meditación.
-¿Cómo la descubrió ?
-La primera vez que oí hablar de meditación trascendental fue en 1968, cuando estuvo en Buenos Aires su propagador en el mundo, Maharishi Mahesh Yogi, y la familia Reynal, en cuya casa el gurú se hospedaba, me invitó a conocerlo. Entonces, aprendí a meditar, pero no lo viví con mucho entusiasmo. Me pareció algo posiblemente útil en algunos casos aunque algo exótico. Sin embargo, años más tarde, cuando era jefe de residentes del Hospital de Clínicas y tenía que atender enfermos terminales, descubrí su importancia. Había una paciente embarazada que sufría un mal que se denomina porfiria intermitente aguda. Es una enfermedad muy grave y compleja en la que la luz del sol hace que el organismo reaccione y produzca sustancias tóxicas. La mujer quería dar a luz antes de morir y en mi preocupación por aliviarla recordé la meditación y la ayudé a meditar. Eso la alivió y, pese a que no pudo dar a luz, murió en paz. Después comencé a utilizarla con otros enfermos y eso me llevó a comprender que la meditación era la llave para acceder a ese espacio de amor, paz y felicidad que está en lo más profundo de nosotros y es nuestra auténtica naturaleza.
-¿Cómo se medita?
-Buscamos un lugar tranquilo donde no seamos molestados, nos relajamos y comenzamos a repetir el mantra, un sonido que carece de significado, que se repite sin concentración, simplemente como una repetición mental. Al comenzar asaltarán pensamientos, urgencias de la vida cotidiana, como a qué hora tenemos que estar en determinado lugar, por ejemplo. Pero no los seguimos, no luchamos contra ellos, simplemente los dejamos ir y venir mientras continuamos repitiendo nuestro mantra. El sonido nos permite ir penetrando más y más profundamente en nosotros.
-¿Con quéfrecuencia habría que meditar?
-En general, dos veces por día, durante 15 o 20 minutos. Primero al levantarnos y después cuando comienza el atardecer. Con la práctica, los pensamientos intrusos son cada vez menos. No debemos preocuparnos por interrupciones como llamadas telefónicas, ruidos, porque esas interrupciones también son parte de la meditación. Lo paradójico es que uno comienza a meditar para estar mejor consigo mismo. Pero está demostrado que los cambios que produce el meditador en su entorno son muy beneficiosos para la comunidad. Si hay un número suficiente de meditadores en una cárcel o en un instituto psiquiátrico baja el nivel de agresión automáticamente.
-¿Una reflexión final?
-Se me ocurren dos: elige ser feliz en lugar de tener razón y el único miedo que hay que perder es el miedo a perder el miedo.

Dr Alberto loizaga

Las Cuatro Esposas

"Había una vez un rey que tenía cuatro esposas.

Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas mas finas.

Solo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos.

Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca.

Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas se fijaba en ella.

Un día el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló:

“Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera estaré solo”.

Así que le pregunto a su cuarta esposa: Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡Ni pensarlo! Contesto la cuarta esposa y se alejo sin decir más palabras.

Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le pregunto a su tercera esposa: Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡No! Contesto su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! Cuando mueras pienso volverme a casar.

Su corazón experimento una fuerte sacudida y se puso frió.

Entonces pregunto a su segunda esposa: “Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí”. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez! Contesto la segunda esposa. “Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte”.

Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.

Entonces escuchó una voz: “Me iré contigo y te seguiré dondequiera tu vayas”. El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición.

Profundamente afectado y arrepentido, el monarca dijo: "¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!"

En realidad todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo.

No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejara cuando muramos.

Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riquezas.

Cuando muramos, irán a pertenecer a otros.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos.

No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa o 'esposo' diríamos, es nuestro Buda Interno, frecuentemente ignorado en la búsqueda.

Sin embargo, nuestro Buda Interno es el único que nos acompañará dondequiera que vayamos. ¡Así que cultívalo, fortalécelo y cuídalo aquí y ahora!

Es el mayor y más sublime regalo que puedes ofrecerle al mundo."

¡Deja que brille, ilumine y guíe tu camino y él de tus semejantes! Y así... nunca tendrás que arrepentirte, como el Rey de nuestro relato.

"Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación"

"Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación"

Basta de dramatizar?
Sí, basta de terribilitis, porque la mayor parte de los trastornos emocionales (depresión, ansiedad, estrés...) son el resultado de esa tendencia a calificar de terribles cosas que no lo son.



Exageramos.
Anticipamos las desgracias y nos tomamos a la tremenda adversidades con las que deberíamos contar. Los seres humanos tenemos unas 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de la vida (te tuerces el tobillo, pierdes las llaves, te roban...).



Al mal tiempo buena cara.
O aceptas la realidad y dejas de exigirle a la vida, o te conviertes en un cascarrabias. Imaginarse muerto es una buena medida preventiva de las ansiedades cotidianas. Dígame, en esta vida tan corta y de la que desconocemos su sentido, ¿es tan importante esta desgracia que le está ocurriendo?



Hay que ver las cosas con perspectiva.
Hay que ser realista, con eso basta. Estamos llenos de creencias irracionales del tipo: "Si me despiden, es el acabose". El "debo hacerlo todo bien", "deberían tratarme con consideración y justicia" y "las cosas me deben ser favorables" son exigencias infantiles. La persona madura es la que no exige, sino que prefiere: "Me gustaría hacerlo todo bien, pero no lo necesito para disfrutar del día".



Un matiz importante.
Las personas vulnerables emocionalmente están llenas de exigencias, y cuando estas no se cumplen se enfadan con ellas mismas, con el mundo o con los otros.



¿De dónde surgen esas creencias?
Se transmiten socialmente, son mensajes que nos convierten en débiles y neuróticos. Yo he elaborado una lista de las diez creencias irracionales favoritas de los españoles.



A saber...
Necesito tener a mi lado alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué vida más triste! Tengo que ser alguien en la vida. No puedo tolerar que la gente me menosprecie. Debo tener un piso en propiedad o soy un fracasado. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con ella.



...
Tengo que tener una vida emocionante, de lo contrario mi vida es un desperdicio. Más siempre es mejor. La soledad es muy mala...



Qué agobio, sí.
La necesititis es devastadora y nociva para la salud mental. No es cierto que para ser felices necesitemos amor sentimental, éxito, hijos, no tener problemas... Si mantenemos estos deseos en el límite de las preferencias, nuestra mente estará sana.



¿Sanos, solos y aburridos?
¿Por qué no? Tener pareja y lo demás no producen tanta plenitud como puede parecer; si no, las consultas de los psicólogos no estarían llenas. No hay que exigir tanto a la vida, a los demás, ni a uno mismo.



¿Es usted un pasota?
Para nada. Me ocupo, pero no me preocupo de las cosas. El mito de la bondad de la preocupación que nos inculcan desde pequeños es absurdo y nocivo.



Pero si esas creencias son irracionales, ¿cómo poner razón en ellas?
Hay que revisar a diario cómo pensamos, detectarlas, combatirlas con argumentos y desarrollar nuevas creencias racionales. Una de las mayores causas de estrés es el miedo a hablar en público.



Nos afecta lo que piensen de nosotros.
Nos liberamos de la necesidad de aprobación de los demás cuando comprendemos que estar abajo no es ningún problema. Al contrario, ser capaz de estar abajo con orgullo y de buen humor te hace superior y te permite disfrutar más de la vida. Como todos los miedos, la vergüenza y el temor a hacer el ridículo se vencen pensando bien, no enfrentándonos a ellos.



Hay que tolerar la frustración.
No siempre conseguiremos nuestros deseos, pero no pasa nada: la vida sigue siendo bella. Eso es ser realista. La eficacia está sobrevalorada: todo lo que perdemos con los errores que cometemos, por ejemplo en nuestro trabajo, es obviable, pero no lo es la paz interior que perdemos obsesionándonos con la perfección. La felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.



Amores y desamores son termómetro de nuestro bienestar.
Uno está preparado para tener pareja cuando puede decirle: "Cariño, te quiero mucho, pero no te necesito nada". Las exigencias y tensiones que causa el amor dependiente, ese que nos trasmiten continuamente a través del cine o la música ("Sin ti yo muero"), es un mensaje neurótico.



...
Creer que tu pareja tiene que hacerte feliz es mucho exigir y te amargará cada vez que algo falle. Yo creo que si Romeo y Julieta se hubieran casado, su matrimonio no habría durado más de un año.



¿Mejor sugerir que exigir?
Pruébelo, el "me gustaría que..., pero si no lo haces te querré igual" da unos resultados fantásticos. Nunca exija nada a su pareja.



Nadie es perfecto.
La clave de las buenas relaciones es pedir a cada cual lo que puede dar. Aceptar incondicionalmente a los demás es la manera de aceptarnos del mismo modo a nosotros mismos. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación. Y no se cree obligaciones, las cosas hay que hacerlas por disfrute.