martes, 27 de marzo de 2012

Sobre el Amor

El amor permite libertad. El amor permite al otro hacer lo que quiera hacer. Lo que sienta que está bien y le hace feliz, puede hacerlo, es su decisión. Si amas a la persona, entonces no interfieras en su intimidad. Permítele conservar íntegra su vida privada. No trates de violar su ser interior.

El requirimiento básico del amor es: “Yo acepto a la otra persona tal como es.” Y el amor nunca trata de cambiarla de acuerdo a las ideas propias. No trata de recortar esto o aquello para reducirla a la dimensión deseada, lo cual se viene haciendo por todas las partes del mundo.

Si amas, entonces no hay condiciones que valgan.
Si no amas, entonces ¿quién eres tú para poner condiciones?

De cualquier forma está claro. Si amas, no pones condiciones. Amas al otro tal como es. Si no amas, tampoco hay problema. él no es nadie para ti; no hay porque poner condiciones. El otro puede hacer lo que le plazca.

Si los celos desaparecen y el amor permanece, entonces tienes algo sólido en la vida que es valioso poseer.

lunes, 23 de enero de 2012

Buscamos la felicidad donde no esta

Buscamos la felicidad donde no esta

"A veces siento que me gustaría estar al lado de la cama de cada ser humano en el momento en que se levanta por la mañana para recordarle: ¡Sé feliz! ¡Sos mucho mejor de lo que piensas!", ríe Alberto Lóizaga, psicoanalista y fundador del Centro de Actitudes que Sanan.
"El problema es que buscamos la felicidad donde no está: de afuera hacia adentro; cuando el proceso es al revés. Vivimos llenos de miedos, atrapados en el temor al qué dirán; si nos quieren o no; si nos valoran o no. Convencidos de que seremos felices cuando tengamos más dinero, una casa más grande y mejor ubicada o un auto más importante. Cuando viajemos y logremos el lugar que nos corresponde en la empresa donde trabajamos y tantas otras cosas", agrega.
Alberto Lóizaga es uno de los introductores de la medicina mente-cuerpo entre nosotros, con libros como Psicoanálisis actual, donde trata la relación de la meditación con el psicoanálisis, y Ser uno mismo, una guía hacia la felicidad a través de la meditación, que presentó días atrás.
"Sin embargo, si bien el logro de estas metas puede crear satisfacciones, tarde o temprano terminará por dejarnos un sabor a nada, vacíos y en espera de una nueva oportunidad. Hasta que comprendamos que nada de eso nos va a dar la auténtica felicidad, la alegría profunda de ser nosotros mismos, de amar desinteresadamente", apunta.
-¿Cuál es el camino?
-Entrar en contacto con nuestro ser, un espacio en lo más profundo de nosotros donde no hay temor, donde reina la paz y el amor. Pero no podemos lograrlo por medio del pensamiento, porque nuestro intelecto mira la realidad y la transforma en signos, sin una experiencia directa. Pensemos en una manzana: el intelecto ve la manzana y comienza a describirla, analiza su color, textura, consistencia, composición, forma de cultivo, etcétera. Un tratado sobre la manzana puede ocupar bibliotecas enteras, pero nuestro conocimiento no es una experiencia directa. En cambio, morder una manzana, comerla, es una vivencia. Hay un abismo entre comer una manzana y reflexionar o leer sobre ella. Es decir que para entrar en contacto con nuestro ser tenemos que superar la barrera del pensamiento. Y para mí, desde hace alrededor de 40 años, ese medio es la meditación.
-¿Cómo la descubrió ?
-La primera vez que oí hablar de meditación trascendental fue en 1968, cuando estuvo en Buenos Aires su propagador en el mundo, Maharishi Mahesh Yogi, y la familia Reynal, en cuya casa el gurú se hospedaba, me invitó a conocerlo. Entonces, aprendí a meditar, pero no lo viví con mucho entusiasmo. Me pareció algo posiblemente útil en algunos casos aunque algo exótico. Sin embargo, años más tarde, cuando era jefe de residentes del Hospital de Clínicas y tenía que atender enfermos terminales, descubrí su importancia. Había una paciente embarazada que sufría un mal que se denomina porfiria intermitente aguda. Es una enfermedad muy grave y compleja en la que la luz del sol hace que el organismo reaccione y produzca sustancias tóxicas. La mujer quería dar a luz antes de morir y en mi preocupación por aliviarla recordé la meditación y la ayudé a meditar. Eso la alivió y, pese a que no pudo dar a luz, murió en paz. Después comencé a utilizarla con otros enfermos y eso me llevó a comprender que la meditación era la llave para acceder a ese espacio de amor, paz y felicidad que está en lo más profundo de nosotros y es nuestra auténtica naturaleza.
-¿Cómo se medita?
-Buscamos un lugar tranquilo donde no seamos molestados, nos relajamos y comenzamos a repetir el mantra, un sonido que carece de significado, que se repite sin concentración, simplemente como una repetición mental. Al comenzar asaltarán pensamientos, urgencias de la vida cotidiana, como a qué hora tenemos que estar en determinado lugar, por ejemplo. Pero no los seguimos, no luchamos contra ellos, simplemente los dejamos ir y venir mientras continuamos repitiendo nuestro mantra. El sonido nos permite ir penetrando más y más profundamente en nosotros.
-¿Con quéfrecuencia habría que meditar?
-En general, dos veces por día, durante 15 o 20 minutos. Primero al levantarnos y después cuando comienza el atardecer. Con la práctica, los pensamientos intrusos son cada vez menos. No debemos preocuparnos por interrupciones como llamadas telefónicas, ruidos, porque esas interrupciones también son parte de la meditación. Lo paradójico es que uno comienza a meditar para estar mejor consigo mismo. Pero está demostrado que los cambios que produce el meditador en su entorno son muy beneficiosos para la comunidad. Si hay un número suficiente de meditadores en una cárcel o en un instituto psiquiátrico baja el nivel de agresión automáticamente.
-¿Una reflexión final?
-Se me ocurren dos: elige ser feliz en lugar de tener razón y el único miedo que hay que perder es el miedo a perder el miedo.

Dr Alberto loizaga

Las Cuatro Esposas

"Había una vez un rey que tenía cuatro esposas.

Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás y la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas mas finas.

Solo le daba lo mejor.

También amaba mucho a su tercera esposa y siempre la exhibía en los reinos vecinos.

Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa. Ella era su confidente y siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles.

La primera esposa del rey era una compañera muy leal y había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca.

Sin embargo, él no amaba a su primera esposa y aunque ella le amaba profundamente, apenas se fijaba en ella.

Un día el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo. Pensó acerca de su vida de lujo y caviló:

“Ahora tengo cuatro esposas conmigo pero, cuando muera estaré solo”.

Así que le pregunto a su cuarta esposa: Te he amado más que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡Ni pensarlo! Contesto la cuarta esposa y se alejo sin decir más palabras.

Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le pregunto a su tercera esposa: Te he amado toda mi vida. Ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡No! Contesto su tercera esposa. ¡La vida es demasiado buena! Cuando mueras pienso volverme a casar.

Su corazón experimento una fuerte sacudida y se puso frió.

Entonces pregunto a su segunda esposa: “Siempre he venido a ti por ayuda y siempre has estado allí para mí”. Cuando muera, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?

¡Lo siento, no puedo ayudarte esta vez! Contesto la segunda esposa. “Lo más que puedo hacer por ti es enterrarte”.

Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey.

Entonces escuchó una voz: “Me iré contigo y te seguiré dondequiera tu vayas”. El rey dirigió la mirada en dirección de la voz y allí estaba su primera esposa. Se veía tan delgaducha, sufría de desnutrición.

Profundamente afectado y arrepentido, el monarca dijo: "¡Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!"

En realidad todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas.

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo.

No importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien, nos dejara cuando muramos.

Nuestra tercera esposa son nuestras posesiones, condición social y riquezas.

Cuando muramos, irán a pertenecer a otros.

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos.

No importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro.

Y nuestra primera esposa o 'esposo' diríamos, es nuestro Buda Interno, frecuentemente ignorado en la búsqueda.

Sin embargo, nuestro Buda Interno es el único que nos acompañará dondequiera que vayamos. ¡Así que cultívalo, fortalécelo y cuídalo aquí y ahora!

Es el mayor y más sublime regalo que puedes ofrecerle al mundo."

¡Deja que brille, ilumine y guíe tu camino y él de tus semejantes! Y así... nunca tendrás que arrepentirte, como el Rey de nuestro relato.

"Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación"

"Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación"

Basta de dramatizar?
Sí, basta de terribilitis, porque la mayor parte de los trastornos emocionales (depresión, ansiedad, estrés...) son el resultado de esa tendencia a calificar de terribles cosas que no lo son.



Exageramos.
Anticipamos las desgracias y nos tomamos a la tremenda adversidades con las que deberíamos contar. Los seres humanos tenemos unas 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de la vida (te tuerces el tobillo, pierdes las llaves, te roban...).



Al mal tiempo buena cara.
O aceptas la realidad y dejas de exigirle a la vida, o te conviertes en un cascarrabias. Imaginarse muerto es una buena medida preventiva de las ansiedades cotidianas. Dígame, en esta vida tan corta y de la que desconocemos su sentido, ¿es tan importante esta desgracia que le está ocurriendo?



Hay que ver las cosas con perspectiva.
Hay que ser realista, con eso basta. Estamos llenos de creencias irracionales del tipo: "Si me despiden, es el acabose". El "debo hacerlo todo bien", "deberían tratarme con consideración y justicia" y "las cosas me deben ser favorables" son exigencias infantiles. La persona madura es la que no exige, sino que prefiere: "Me gustaría hacerlo todo bien, pero no lo necesito para disfrutar del día".



Un matiz importante.
Las personas vulnerables emocionalmente están llenas de exigencias, y cuando estas no se cumplen se enfadan con ellas mismas, con el mundo o con los otros.



¿De dónde surgen esas creencias?
Se transmiten socialmente, son mensajes que nos convierten en débiles y neuróticos. Yo he elaborado una lista de las diez creencias irracionales favoritas de los españoles.



A saber...
Necesito tener a mi lado alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué vida más triste! Tengo que ser alguien en la vida. No puedo tolerar que la gente me menosprecie. Debo tener un piso en propiedad o soy un fracasado. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con ella.



...
Tengo que tener una vida emocionante, de lo contrario mi vida es un desperdicio. Más siempre es mejor. La soledad es muy mala...



Qué agobio, sí.
La necesititis es devastadora y nociva para la salud mental. No es cierto que para ser felices necesitemos amor sentimental, éxito, hijos, no tener problemas... Si mantenemos estos deseos en el límite de las preferencias, nuestra mente estará sana.



¿Sanos, solos y aburridos?
¿Por qué no? Tener pareja y lo demás no producen tanta plenitud como puede parecer; si no, las consultas de los psicólogos no estarían llenas. No hay que exigir tanto a la vida, a los demás, ni a uno mismo.



¿Es usted un pasota?
Para nada. Me ocupo, pero no me preocupo de las cosas. El mito de la bondad de la preocupación que nos inculcan desde pequeños es absurdo y nocivo.



Pero si esas creencias son irracionales, ¿cómo poner razón en ellas?
Hay que revisar a diario cómo pensamos, detectarlas, combatirlas con argumentos y desarrollar nuevas creencias racionales. Una de las mayores causas de estrés es el miedo a hablar en público.



Nos afecta lo que piensen de nosotros.
Nos liberamos de la necesidad de aprobación de los demás cuando comprendemos que estar abajo no es ningún problema. Al contrario, ser capaz de estar abajo con orgullo y de buen humor te hace superior y te permite disfrutar más de la vida. Como todos los miedos, la vergüenza y el temor a hacer el ridículo se vencen pensando bien, no enfrentándonos a ellos.



Hay que tolerar la frustración.
No siempre conseguiremos nuestros deseos, pero no pasa nada: la vida sigue siendo bella. Eso es ser realista. La eficacia está sobrevalorada: todo lo que perdemos con los errores que cometemos, por ejemplo en nuestro trabajo, es obviable, pero no lo es la paz interior que perdemos obsesionándonos con la perfección. La felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.



Amores y desamores son termómetro de nuestro bienestar.
Uno está preparado para tener pareja cuando puede decirle: "Cariño, te quiero mucho, pero no te necesito nada". Las exigencias y tensiones que causa el amor dependiente, ese que nos trasmiten continuamente a través del cine o la música ("Sin ti yo muero"), es un mensaje neurótico.



...
Creer que tu pareja tiene que hacerte feliz es mucho exigir y te amargará cada vez que algo falle. Yo creo que si Romeo y Julieta se hubieran casado, su matrimonio no habría durado más de un año.



¿Mejor sugerir que exigir?
Pruébelo, el "me gustaría que..., pero si no lo haces te querré igual" da unos resultados fantásticos. Nunca exija nada a su pareja.



Nadie es perfecto.
La clave de las buenas relaciones es pedir a cada cual lo que puede dar. Aceptar incondicionalmente a los demás es la manera de aceptarnos del mismo modo a nosotros mismos. Quejarse es la mejor forma de arruinar una relación. Y no se cree obligaciones, las cosas hay que hacerlas por disfrute.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Es Posible Celebrar la Tristeza?

“No te identifiques con la tristeza. Transfórmate en su testigo y disfruta del momento de tristeza, porque la tristeza tiene su propia belleza. Nunca te has fijado en ello. Te identificas tanto, que nunca penetras en la belleza de un momento triste. Si te fijas, te sorprenderás de los tesoros que te has estado perdiendo.

Fíjate: cuando eres feliz nunca eres tan profundo como cuando estás triste.
La tristeza tiene profundidad; la felicidad tiene algo de superficial. Observa a la gente feliz.
Los que pretenden ser felices—los playboys y playgirls que encontrarás en los clubs, en los hoteles, en los teatros—siempre están sonriendo y burbujean felicidad. Los encontrarás insípidos, superficiales. No tienen ninguna profundidad. La felicidad es como las olas, solamente superficial; vives una vida trivial. Pero la tristeza tiene algo de profundo. Cuando estás triste no es como las olas en la superficie, es como la profundidad misma del Océano Pacífico; millas y millas.
Sumérgete en su profundidad, obsérvala. La felicidad es ruidosa; la tristeza tiene un cierto silencio. La felicidad puede ser como el día, la tristeza es como la noche. La felicidad puede ser como la luz, la tristeza es como la oscuridad. La luz va y viene; la oscuridad permanece, es eterna. La luz se presenta a veces; la oscuridad está siempre ahí. Si penetras en la tristeza sentirás todas estas cosas. De pronto te darás cuenta que la tristeza está ahí como un objeto, tú la estás observando, eres testigo de ella, y repentinamente empiezas a sentirte feliz. ¡Qué bella es la tristeza!
Una flor de la oscuridad, una flor de eterna profundidad. Como un abismo sin fondo, tan silenciosa, tan musical; no hay ruido en absoluto, ninguna perturbación.
Uno puede ir cayendo en ella incesantemente y uno puede salir de ella absolutamente rejuvenecido. Es un descanso.
Depende de la actitud. Cuando te entristeces piensas que te ha sucedido algo malo. El que algo malo te ha ocurrido es sólo una interpretación y entonces tratas de escapar. Nunca meditas sobre ello. Luego quieres ir a ver a alguien; a una fiesta, al club, o enciendes la televisión o la radio, o empiezas a leer el periódico; haces algo para poder olvidar.
Esta— que la tristeza es algo malo—es una actitud errónea que te ha sido transmitida: No hay nada malo en ella. Es otro polo de la vida.
La felicidad es un polo, la tristeza es el otro. La dicha suprema es un polo, la infelicidad es el otro. La vida es ambos. Una vida de pura dicha tendrá extensión, pero no tendrá profundidad. Una vida de pura tristeza tendrá profundidad, pero no tendrá extensión. Una vida de ambas, tristeza y felicidad, es multidimensional; se mueve en todas las direcciones conjuntamente. Fíjate en la estatua de Buda o, a veces, mira mis ojos y encontrarás ambas; encontrarás una felicidad que contiene también tristeza, una paz y también una tristeza. Porque esa tristeza le da profundidad. Observa la estatua de Buda: dichoso, sin embargo triste. La propia palabra “triste” te da connotaciones equivocadas de que algo está mal. Esa es tú interpretación.
Para mí, la vida es buena en su totalidad.
Y cuando entiendes la vida en su totalidad, sólo entonces puedes celebrarla; de otro modo no. Celebración significa: cualquier cosa que suceda no importa, la celebraré. La celebración no está condicionada a ciertas cosas: “Cuando sea feliz lo celebraré” o “Cuando esté triste no lo celebraré”. La celebración es incondicional; celebro la vida. Si trae infelicidad, bien, lo celebro. Si trae felicidad, bien, lo celebro. La celebración es mi actitud, independientemente de lo que la vida traiga.
Pero cada vez que utilizo las palabras, surge un problema. Esas palabras tienen connotaciones en tu mente. Cuando digo “celebra”, tú piensas que uno tiene que estar feliz. ¿Cómo puede uno celebrar cuando está triste? No estoy diciendo que uno tenga que estar feliz para celebrar. La celebración es gratitud por cualquier cosa que la vida te dé, cualquier cosa que Dios te dé. Celebración es una gratitud, es estar lleno de agradecimiento. Os lo he contado y os lo contaré otra vez…
Un místico sufí, muy pobre, marginado, hambriento y cansado de viajar llegó a un pueblo por la noche y nadie le aceptó. Era un pueblo de gente muy ortodoxa y cuando hay musulmanes ortodoxos es muy difícil persuadirles. Ni siquiera querían alojarlo en el pueblo. La noche era fría y estaba hambriento, agotado, temblando, sin suficiente ropa. Estaba sentado en las afueras del pueblo, bajo un árbol. Sus discípulos estaban sentados allí muy deprimidos, muy tristes e incluso enojados.
Y entonces empezó a rezar diciendo a Dios: “¡Eres maravilloso! Siempre me das todo lo que necesito”. Esto fue demasiado. Un discípulo le dijo: “Espera, ahora estás yendo demasiado lejos, especialmente esta noche. Estas palabras son falsas. Estamos hambrientos, cansados, sin abrigo y nos espera una fría noche. Hay animales salvajes por todos lados, hemos sido rechazados por la gente del pueblo, estamos sin refugio. ¿Por qué le estás dando gracias a Dios? ¿Qué quieres decir cuando dices: “Siempre me has dado lo que necesito”?
El místico dijo: “Sí, y lo repito otra vez: Dios me da todo lo que necesito. Esta noche necesito pobreza, esta noche necesito ser rechazado, esta noche necesito tener hambre, estar en peligro. De otra manera ¿por qué me estaría dando? Debe de ser que lo necesito. Es lo que necesito y tengo que estar agradecido. ¡El cuida tan bien de mis necesidades! ¡Es realmente maravilloso!”
Esta es una actitud que no depende de la situación. La situación no es importante. Celebra, ante cualquier suceso. Si estás triste, celebra por estar triste. Haz la prueba. Haz solamente la prueba y te sorprenderás; sucede. ¿Estás triste? Empieza a bailar, porque la tristeza es muy bella, ¡Silenciosa flor del ser! Baila, disfruta, y de pronto sentirás que la tristeza está desapareciendo; se crea una distancia. Poco a poco olvidarás la tristeza y estarás celebrando. Habrás transformado tu energía.
Esto es alquimia: transformar los metales comunes en el oro más puro. La tristeza, la ira, los celos; metales bajos que pueden ser transformados en oro porque están constituidos por los mismos elementos que el oro. No hay diferencia entre el oro y el hierro, porque tienen los mismos elementos, los mismos electrones. ¿Has pensado alguna vez que un trozo de carbón y el más preciado de los brillantes del mundo son la misma cosa? No hay ninguna diferencia. En efecto, el carbón comprimido por la tierra durante millones de años se convierte en diamante. Sólo una diferencia de presión, pero ambos son carbón, ambos están constituidos por los mismos elementos.
Lo más bajo puede ser transformado en lo más alto. A lo bajo no le falta nada.
Sólo se necesita una redistribución, una recomposición. La alquimia no es más que esto. Cuando estés triste, celebra y le estarás dando una nueva composición a la tristeza. Le estás aportando algo que la transformará. Le estás aportando celebración. ¿Está enojado? Entrégate a una hermosa danza. Al principio el baile será agresivo, violento. Poco a poco, se hará más suave y más suave y más suave; entonces de pronto, te habrás olvidado del enojo. La energía habrá cambiado, se habrá convertido en danza.
Pero cuando estás enojado, no eres capaz de pensar en bailar. Cuando estás triste no eres capaz de pensar en cantar. ¿Por qué no hacer de tu tristeza una canción? Canta, toca tu flauta. Al principio las notas serán tristes, pero no hay nada malo en una nota triste. ¿Has oído? A veces, en la tarde, cuando todo está caliente, todo quema, cuando todo es fuego a tu alrededor, de pronto, desde un huerto de mangos, puedes oír un pajarito que empieza a cantar. Al principio la nota es triste. Está llamando a su amada, a su amor, en una tarde muy calurosa. Todo es fuego alrededor, está ansioso de amor. Una nota muy triste, pero bella. Poco a poco, la nota triste se convierte en una nota alegre. La amante empieza a responderle desde otro bosquecillo. Ahora ya no es una tarde calurosa; todo se refresca en el corazón. Ahora la nota es diferente. Cuando la amante responde, todo ha cambiado. Es un cambio alquímico.
¿Estás triste? Empieza a cantar, a rezar, a bailar. Lo que puedas hacer, hazlo, y poco a poco, el metal más bajo se transformará en el más alto, en oro. Una vez que conozcas la llave, tu vida no volverá a ser nunca la misma. Podrás abrir cualquier puerta. Y ésta es la llave maestra: celebrarlo todo.
He oído la historia de tres místicos chinos. Nadie conoce sus nombres. Se les conocía solamente como “Los Tres Santos que ríen” , porque nunca hicieron otra cosa, simplemente se reían… Iban de un pueblo a otro, riéndose. Se paraban en la plaza donde estaba el mercado y se reían a carcajadas: Todo el pueblo les rodeaba. La gente acudía a verlos, cerraban las tiendas y los clientes se olvidaban de para qué habían venido. Estos tres hombres eran realmente hermosos, riendo y con sus vientres estremeciéndose. Esto se volvía contagioso y pronto los demás empezaban también a reír. Entonces todo el mercado reía. Habían cambiado la atmósfera del mercado. Y si alguien decía: “Decidnos algo”. Ellos contestaban: “No tenemos nada que decir. Simplemente reímos y la atmósfera cambia”. Hace sólo unos momentos éste era un lugar desagradable donde todos pensaban únicamente en el dinero; ansiosos de dinero, ambiciosos. El dinero lo era todo. De pronto estos tres locos llegaron y empezaron a reír y así cambiaron el ambiente mismo de todo el mercado.
Ahora nadie era un cliente. Se habían olvidado de que habían ido a comprar y a vender. Nadie se preocupaba de obtener un beneficio. Reían y bailaban alrededor de aquellos tres locos. Durante unos segundos se abría un nuevo mundo.
Viajaban por toda la China, de un lugar a otro, de aldea en aldea, solamente ayudando a la gente a reír. Gente triste, enojada, gente codiciosa, celosa; todos empezaban a reír con ellos. Y muchos comprendieron la clave: te puedes transformar.
Entonces, ocurrió que en una de las aldeas uno de los tres murió. La gente del pueblo se reunió y dijo: “Ahora sí que habrá problemas. ¡Ahora veremos si se ríen! Su amigo ha muerto; seguro que llorarán”. Pero cuando llegaron, los dos estaban bailando, riendo y celebrando la muerte. La gente del pueblo decía: “Esto es demasiado. Es de mala educación. Cuando un hombre muere es una irreverencia reír y bailar”.
Y ellos dijeron: “¡No sabéis lo que ha pasado! Los tres siempre pensábamos cuál de nosotros moriría primero. Este hombre ha ganado; hemos sido derrotados. Toda la vida hemos reído con él. ¿Cómo podríamos darle el último adiós de otra manera? Tenemos que reír, tenemos que disfrutar, tenemos que celebrar. Esta es la única despedida posible para un hombre que ha reído toda su vida. Y si no reímos, él se reirá de nosotros y pensará:” ¡Qué tontos! ¿Así que otra vez han caído en la trampa?” Para nosotros no ha muerto. ¿Cómo puede la risa morir, cómo puede la vida morir?” La risa es eterna, la vida es eterna, la celebración continúa. Los actores cambian, pero el drama continúa. Las olas cambian, pero el océano continúa. Ríes, cambias y algún otro ríe, pero la risa continúa. Celebras, algún otro celebra, pero la celebración continúa. La existencia es continua, es un continum. No hay ni siquiera un solo momento de vacío en ella. Pero la gente del pueblo no podía entenderlo y aquel día no podían participar de la risa.
El cuerpo estaba a punto de ser incinerado y la gente del pueblo decía: “Le bañaremos, tal como establece el ritual”. Pero los dos amigos dijeron: “No, nuestro amigo ha dicho: `”o llevéis a cabo ningún ritual, no me cambiéis de ropas y no me bañéis Tal y como estoy, ponedme en la pira crematoria”. Estas son sus instrucciones”.
Y entonces, de repente, sucedió algo extraordinario; aquel viejo les había gastado su última broma. Había escondido bajo su ropa fuegos artificiales y cuando colocaron el cuerpo sobre el fuego, de pronto hubo ¡Diwali! (*) Entonces todo el pueblo empezó a reír. Los dos locos, sus amigos, se pusieron a bailar y todo el pueblo empezó a bailar también. No era una muerte, era una nueva vida Ninguna muerte es muerte, porque cada muerte abre una nueva puerta; es un principio. La vida no tiene fin, siempre hay un nuevo principio, una resurrección.
Si cambias tu tristeza por celebración, también serás capaz de transformar tu muerte en una resurrección. Así que aprende el arte mientras todavía hay tiempo. No dejes que la muerte llegue antes de que hayas aprendido la secreta alquimia de cambiar los metales inferiores en metales superiores. Porque si puedes cambiar la tristeza, puedes cambiar la muerte. Si puedes celebrar incondicionalmente, cuando la muerte llegue, serás capaz de celebrar, partirás feliz. Y cuando te vas celebrando, la muerte no te puede matar. Al contrario, tú has matado a la muerte. Pero empieza, haz una prueba. No hay nada que perder. Pero la gente es tan tonta que incluso cuando no hay nada que perder, no quieren hacer la prueba. ¿Qué puedes perder?”
Texto: Osho

sábado, 8 de octubre de 2011

El origen del miedo

EL ORIGEN DEL MIEDO


Usted mencionó el miedo como parte de nuestro dolor emocional subyacente básico. ¿Cómo surge el miedo y por qué hay tanto en la vida de las personas? ¿Cierta cantidad de miedo podría ser simplemente autoprotección saludable? Si yo no temiera al fuego, podría poner la mano en él y quemarme.
La razón por la que usted no pone la mano en el fuego no es por miedo, es porque sabe que se quemará. No necesita al miedo para evitar el peligro innecesario, sólo un mínimo de inteligencia y de sentido común. Para estos asuntos prácticos es útil aplicar las lecciones aprendidas en el pasado. Ahora bien, si alguien lo amenazara con fuego o con violencia física, podría experimentar algo parecido al miedo. Se trata de un retirarse instintivo del peligro, pero no es la condición psicológica del miedo de la que estamos hablando aquí. La condición psicológica del miedo está divorciada de cualquier peligro inmediato concreto y verdadero. Se presenta de muchas formas: incomodidad, preocupación, ansiedad, nerviosismo, tensión, temor, fobia, etcétera. Este tipo de miedo psicológico se refiere siempre a algo que podría pasar, no a algo que está ocurriendo ahora. Usted está en el aquí y ahora mientras que su mente está en el futuro. Esto crea una brecha de ansiedad. Y si usted está identificado con su mente y ha perdido el contacto con el poder y la simplicidad del Ahora, esta brecha de ansiedad será su compañera constante. Usted puede siempre hacer frente al momento presente, pero no puede manejar algo que es sólo una proyección de la mente, usted no puede hacerle frente al futuro.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cinco estrategias para educar cuerpo y mente:

1. Juega, ríe y medita.
Está demostrado que el cuerpo y la mente están intrínsecamente conectados y son inseparables.
Podemos utilizar la mente para curar el cuerpo y viceversa. La respiración consciente, la relajación y la meditación inducen al aumento de la actividad del sistema parasimpático con todas sus consecuencias benéficas para el equilibrio y la salud.
Podemos obtener similares resultados a través de la oración, las caricias, la risa, el juego como divertimento (sin competencia) y muchas otras.
Dichas actividades nos ayudan a sincronizar los hemisferios cerebrales y le permiten al cerebro mejorar su respuesta eléctrica y química para crear salud.
2. Usa las drogas naturales que produce tu cuerpo
El ser humano es su propio productor de drogas, su propio “laboratorio”.
Cada uno de nosotros tiene su propia farmacia natural, la más fina droguería disponible al menor costo, para producir todas las drogas que necesitemos a fin de poner en marcha nuestros sistemas de sanación.
La gama de drogas que cada quien tiene dentro abarca estimulantes, antidepresivos, ansiolíticos, analgésicos, entre otros. Algunas sustancias se pueden estimular con ayuda de ciertos métodos personalizados y gracias a estos estímulos es posible modificar el curso de nuestra biología.
El desafío es volver a aprender a estimular nuestras drogas endógenas, según nuestros deseos y necesidades.
3. Expresa tus emociones de forma saludable
La causa de una enfermedad es multifactorial. Pero sabemos que las actitudes y los estados cognitivos y emocionales son generadores de mecanismos bioquímicos que regulan procesos fisiológicos asociados al avance de cualquier enfermedad.
Hay una especie de sistema de comunicación a través del cual todo el cuerpo responde a una emoción concreta. Las emociones no sólo nos afectan psicológicamente, también físicamente.
No es que uno pueda crearse una enfermedad con sus acciones, pensamientos o sentimientos, pero puede cooperar con su evolución desfavorable.
Las emociones son buenas si son honestas y se expresan saludablemente. El gran problema es que pensamos tanto que las confundimos.
Creemos llorar de tristeza y en verdad lloramos de rabia, no estamos tristes sino enfadados. Decimos “tengo rabia” cuando se trata de miedo, lo que acarrea severas consecuencias en la salud.
Si confundes una emoción, no puedes expresarla saludablemente y queda prisionera en tu interior. Si la reprimes, reprimes tus funciones orgánicas, lo que produce enfermedades.
4. No angusties tu mente ni agrandes los problemas
Los neurocientíficos sostienen que si un cuerpo se excede en la generación de químicos que exacerban el sistema simpático (bioquímicos de la tensión), se pierde la capacidad de discernir y discriminar, el potencial de la mente analítica y racional para elegir con inteligencia. La mente se vuelve caótica, y en vez de ser parte de la solución nos convertimos en el problema.
Cuando estamos distendidos, en un estado de relajación, frente a las mismas circunstancias o problemas la mente crea un espacio interior de conciencia diferente, que nos permite discriminar y discernir, pensar con claridad, con menos incidencia de pensamientos catastróficos y ser más asertivos al elegir.
El cuerpo es muy sabio. Una sensación de malestar es el semáforo en rojo que me anuncia la necesidad de detenerme y de cambiar. Escuchemos a los indicadores somáticos del cuerpo, que es el que sabe defender la vida.
5. Saca tiempo para el deleite
A mayor tensión o estrés, menor capacidad de deleite, de disfrutar la vida. Las personas estresadas pierden esa capacidad, porque no pueden estar en el presente, en el aquí y el ahora. Están abrumados por los problemas del pasado y por el temor al futuro, están dominados por una mente caótica.
Cuando la mente caótica actúa, encima del pensamiento genero un estado emocional y sobre esa emoción viene otro pensamiento, y así continúo generando una cascada de emociones y pensamientos que no son otra cosa que reacciones bioquímicas que confunden nuestros mecanismos internos de adaptación, nos debilitan, nos enferman y nos impiden experimentar la plenitud.