“La infelicidad necesita un «yo» fabricado por la mente, con una historia, una identidad conceptual. Necesita tiempo, pasado y futuro. Cuando retiras el tiempo de tu infelicidad, ¿qué queda? Únicamente este momento “tal como es"
Puede ser una sensación de pesadez, agitación, tirantez, enfado e incluso náusea. Eso no es infelicidad, y no es un problema personal. No hay nada personal en el dolor físico humano. Simplemente es una intensa presión o una intensa energía que sientes en alguna parte del cuerpo. Al prestarle atención, la sensación no se convierte en pensamiento, y ese modo no reactiva el «yo» infeliz.
Observa qué ocurre cuando dejas que la sensación sea.
Surge mucho sufrimiento, mucha infelicidad, cuando crees que es verdad cada pensamiento que se te pasa por la cabeza. Las situaciones no te hacen infeliz. Pueden causarte dolor físico, pero no te hacen infeliz. Tus pensamientos te hacen infeliz. Tus interpretaciones, las historias que te cuentas, te hacen infeliz.
«Los pensamientos que estoy pensando ahora mismo me hacen infeliz.»
Cuando te das cuenta de este hecho, rompes tu identificación inconsciente con dichos pensamientos.
¡Qué día más horrible!
El no ha tenido el detalle de devolverme la llamada.
Ella me ha decepcionado.”
Pequeñas historias que nos contamos y contamos a otros, a menudo en forma de quejas. Están diseñadas inconscientemente para ensalzar nuestro siempre deficiente sentido de identidad haciendo que nosotros «tengamos razón» y la otra persona esté «equivocada». «Tener razón» nos sitúa en una posición de superioridad imaginaria, fortaleciendo nuestro falso sentido del yo, el ego. Este mecanismo también nos crea algún tipo de enemigo: sí, el ego necesita enemigos para definir sus límites, y hasta el tiempo meteorológico puede cumplir esa función.
Los juicios mentales habituales y la contracción emocional hacen que mantengas una relación personalizada y reactiva con las personas y sucesos de tu vida. Todo esto son formas de sufrimiento autocreado pero no las reconoces como tales porque son satisfactorias para el ego. El ego se crece en la reactividad y el conflicto.
Qué simple sería la vida sin estas historias.
Está lloviendo.
El no ha llamado.
Yo estuve allí. Ella, no.
Cuando estés sufriendo, cuando te sientas infeliz, estate totalmente con lo que es Ahora. La infelicidad y los problemas no pueden sobrevivir en el Ahora.
El sufrimiento comienza cuando nombras o etiquetas mentalmente una situación como mala o indeseable. Te sientes agraviado por una situación y ese resentimiento la personaliza, haciendo que surja el «yo» reactivo.
Nombrar y etiquetar son procesos habituales, pero esos hábitos pueden romperse. Empieza a practicar en pequeños hechos el hábito de «no nombrar».
Si pierdes el avión, si dejas caer y rompes una taza, o si te resbalas y caes en un charco, ¿puedes contenerte y no llamar mala o dolorosa a esa experiencia?
¿Puedes aceptar inmediatamente que ese momento es como es?
Pasaje de: Tolle, E. “El Silencio Habla.”
lunes, 10 de febrero de 2014
domingo, 3 de febrero de 2013
"EL GANSO ESTÁ FUERA" KOAN ZEN
"EL GANSO ESTÁ FUERA" KOAN ZEN
El maestro le dice al discípulo que medite sobre un koan. Meten un ganso pequeño en una botella y le dan de comer. El ganso crece cada día más y ocupa la botella por completo. Es tan grande que no puede salir por el cuello de la botella, demasiado pequeña. Y el koan consiste en sacar el ganso sin matarlo y sin romper la botella. Realmente complicado.
¿Qué hacer? El ganso es demasiado grande; no se puede sacar de la botella a menos que se rompa, pero eso no está permitido. También se puede sacar al animal matándolo, pero tampoco está permitido. El discípulo medita día tras día, piensa esto, lo otro, no encuentra solución, porque enrealidad no existe.
Cansado, realmente agotado, de repente tiene una revelación, de repente comprende que al maestro no le interesan ni la botella ni el ganso, que deben de representar algo distinto. La botella es la mente, tú eres el ganso... y si actúas como testigo, es posible. Sin estar en la mente, puedes identificarte tanto con ella que empiezas a notar que estás en ella. El discípulo va corriendo a ver al maestro y le dice que el ganso está fuera. El maestro replica: "Lo has comprendido. Déjalo fuera. Nunca ha estado dentro"
Si continúas luchando con el ganso y la botella, jamás resolverás el problema. Se trata de darte cuenta de que, efectivamente, debe representar otra cosa, porque si no el maestro no te lo plantearía. ¿Y qué puede ser, si tenemos en cuenta que toda la relación entre maestro y discípulo se refiere a la mente y la conciencia? La conciencia es el ganso que no está dentro de la botella de la mente, pero tú crees que sí está y no paras de preguntar a todo el mundo cómo sacarlo. Algunas personas te ayudarán, con ciertas técnicas, pero no comprenden el asunto, en absoluto.
el ganso está fuera y nunca ha estado dentro, no se plantea el problema de sacarlo.
La mente es una sucesión de pensamientos que desfila frente a ti en la pantalla del cerebro. Tú eres un observador, pero empiezas a identificarte con cosas bonitas, que te engatusan. Y en cuanto quedas atrapado por las cosas bonitas también quedas atrapado por las cosas feas, porque la mente no puede existir sin dualidad.
La conciencia no puede existir con dualidad, mientras que la mente no puede vivir sin ella. La conciencia no es dual, y la mente sí. De modo que ojo: yo no te enseño soluciones. Te enseño la única solución, que consiste en retroceder y mirar. Has de crear una distancia entre tu mente y tú.
Tanto si es algo bueno, hermoso, algo que te gustaria disfrutar de cerca, como si es algo feo, mantenté lo más lejos posible. Miralo como podrías ver una película. El problema es que las personas se identifican incluso con las peliculas.
Puedes indentificarte con cualquier cosa. La gente se identifica con otras personas y así crean su propia desdicha. Se identifican con cosas y se sienten desgraciados si le faltan esas cosas.
La identificación está en el origen de toda desdicha, y toda identificación se realiza con la mente.
Hazte a un lado, y cede el paso a la mente. Muy pronto comprenderás que no existe ningún problema, que el ganso está fuera. Ni tienes que romper la botella ni matar al animal. ( Sabiduria de Oriente)
El maestro le dice al discípulo que medite sobre un koan. Meten un ganso pequeño en una botella y le dan de comer. El ganso crece cada día más y ocupa la botella por completo. Es tan grande que no puede salir por el cuello de la botella, demasiado pequeña. Y el koan consiste en sacar el ganso sin matarlo y sin romper la botella. Realmente complicado.
¿Qué hacer? El ganso es demasiado grande; no se puede sacar de la botella a menos que se rompa, pero eso no está permitido. También se puede sacar al animal matándolo, pero tampoco está permitido. El discípulo medita día tras día, piensa esto, lo otro, no encuentra solución, porque enrealidad no existe.
Cansado, realmente agotado, de repente tiene una revelación, de repente comprende que al maestro no le interesan ni la botella ni el ganso, que deben de representar algo distinto. La botella es la mente, tú eres el ganso... y si actúas como testigo, es posible. Sin estar en la mente, puedes identificarte tanto con ella que empiezas a notar que estás en ella. El discípulo va corriendo a ver al maestro y le dice que el ganso está fuera. El maestro replica: "Lo has comprendido. Déjalo fuera. Nunca ha estado dentro"
Si continúas luchando con el ganso y la botella, jamás resolverás el problema. Se trata de darte cuenta de que, efectivamente, debe representar otra cosa, porque si no el maestro no te lo plantearía. ¿Y qué puede ser, si tenemos en cuenta que toda la relación entre maestro y discípulo se refiere a la mente y la conciencia? La conciencia es el ganso que no está dentro de la botella de la mente, pero tú crees que sí está y no paras de preguntar a todo el mundo cómo sacarlo. Algunas personas te ayudarán, con ciertas técnicas, pero no comprenden el asunto, en absoluto.
el ganso está fuera y nunca ha estado dentro, no se plantea el problema de sacarlo.
La mente es una sucesión de pensamientos que desfila frente a ti en la pantalla del cerebro. Tú eres un observador, pero empiezas a identificarte con cosas bonitas, que te engatusan. Y en cuanto quedas atrapado por las cosas bonitas también quedas atrapado por las cosas feas, porque la mente no puede existir sin dualidad.
La conciencia no puede existir con dualidad, mientras que la mente no puede vivir sin ella. La conciencia no es dual, y la mente sí. De modo que ojo: yo no te enseño soluciones. Te enseño la única solución, que consiste en retroceder y mirar. Has de crear una distancia entre tu mente y tú.
Tanto si es algo bueno, hermoso, algo que te gustaria disfrutar de cerca, como si es algo feo, mantenté lo más lejos posible. Miralo como podrías ver una película. El problema es que las personas se identifican incluso con las peliculas.
Puedes indentificarte con cualquier cosa. La gente se identifica con otras personas y así crean su propia desdicha. Se identifican con cosas y se sienten desgraciados si le faltan esas cosas.
La identificación está en el origen de toda desdicha, y toda identificación se realiza con la mente.
Hazte a un lado, y cede el paso a la mente. Muy pronto comprenderás que no existe ningún problema, que el ganso está fuera. Ni tienes que romper la botella ni matar al animal. ( Sabiduria de Oriente)
domingo, 9 de septiembre de 2012
La Seguridad No Existe
La sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la
incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la
prisión del condicionamiento anterior.
Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.
Deepak Chopra
Para obtener cualquier cosa que desees en esta vida hay qué renunciar al apego que le tienes.
El apego se define como un lazo afectivo intenso, duradero que se consolida entre dos personas o entre una persona y algún deseo, creencia, evento o resultado y cuyo objetivo es dar seguridad, consuelo y protección. Nos han enseñado desde pequeños a perseguir desenfrenadamente la seguridad y….
LA SEGURIDAD NO EXISTE, nadie la ha tenido, nadie la tiene ni la tendrá.
Es inasible, inalcanzable porque NO ES más que un concepto hecho por nosotros los humanos.
Así es que…
hay que aprender a ir por la vida sin apegos, sin expectativas. Con esto no quiero decir que no haya Esperanza, por el contrario, hay qué esperar, pero soltando el resultado… lo esperado…
Es muy distinto vivir con Desapego a vivir con Resignación, la diferencia básica es que la resignación lleva consigo el auto sacrificio, amargura… el desapego… la paz.
Aprender a “soltar, a liberarse, a desapegarse” no significa:
Soltar nada que esté “fuera de ti”.
Soltar no es buscar ansiosamente nuevas soluciones a viejos problemas.
Dejar ir no es evadir a las personas o los lugares que te recuerdan viejos apegos.
Vivir con el corazón roto por lo que “pudo haber sido".
Soltar no es inventarte justificaciones tratando de convencerte de lo bien que estuvo dejar ir a alguien o algo.
Soltar no es aprender a vivir con el yugo de haber bajado las expectativas.
No es necesitar el repaso de diálogos mentales para sentirte confiado.
Soltar NO es insistir en que puedes dejar ir x, y o z, cuando lo desees.
No es buscar desesperadamente a alguien que esté de tu lado en un conflicto.
Hay qué aprender a vivir dando a cada minuto lo mejor de nosotros, solamente, aquí está nuestro poder, sobre nosotros mismos, fuera de eso no hay nada que podamos controlar, no podemos controlar lo que otras personas piensen o sientan, no podemos controlar las fuerzas de la naturaleza, ni la derivación de los hechos ni de las circunstancias, únicamente la forma en como enfrentemos las cosas, las elecciones que hagamos, la actitud que tomemos, eso sí está en nuestro haber.
El camino de la no resistencia es el del poder y el de la fluidez, recuerda que “Todo lo que resistes, se convierte en tu enemigo” o dicho de otra forma, “Lo que resistes, persiste”, apegarse es resistir, es decir, NO aceptar, al hacerlo es como si apretaras el flujo de vida, como cuando se aplasta una manguera, detienes el paso, hay estancamiento, hay muchísima presión sobre ti, como una olla de presión por explotar y el sufrimiento es tremendo
Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza INCONDICIONAL, en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana de no conocer tu yo verdadero.
Toda la creación está diseñada para soltar lo que ya no necesita, sin mayor esfuerzo, ejemplo: el árbol que suelta la fruta cuando se madura, las nubes soltando la lluvia, aquí no interviene ninguna fuerza sobrenatural, por el contrario es una fuerza que trabaja a favor, en forma amigable y esa misma fuerza está disponible para nosotros, lo único que hay qué hacer es NO RESISITIR, sino cooperar y definitivamente es un trabajo de dentro hacia fuera, no se necesita luchar, solo disposición para hacerlo.
incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la
prisión del condicionamiento anterior.
Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.
Deepak Chopra
Para obtener cualquier cosa que desees en esta vida hay qué renunciar al apego que le tienes.
El apego se define como un lazo afectivo intenso, duradero que se consolida entre dos personas o entre una persona y algún deseo, creencia, evento o resultado y cuyo objetivo es dar seguridad, consuelo y protección. Nos han enseñado desde pequeños a perseguir desenfrenadamente la seguridad y….
LA SEGURIDAD NO EXISTE, nadie la ha tenido, nadie la tiene ni la tendrá.
Es inasible, inalcanzable porque NO ES más que un concepto hecho por nosotros los humanos.
Así es que…
hay que aprender a ir por la vida sin apegos, sin expectativas. Con esto no quiero decir que no haya Esperanza, por el contrario, hay qué esperar, pero soltando el resultado… lo esperado…
Es muy distinto vivir con Desapego a vivir con Resignación, la diferencia básica es que la resignación lleva consigo el auto sacrificio, amargura… el desapego… la paz.
Aprender a “soltar, a liberarse, a desapegarse” no significa:
Soltar nada que esté “fuera de ti”.
Soltar no es buscar ansiosamente nuevas soluciones a viejos problemas.
Dejar ir no es evadir a las personas o los lugares que te recuerdan viejos apegos.
Vivir con el corazón roto por lo que “pudo haber sido".
Soltar no es inventarte justificaciones tratando de convencerte de lo bien que estuvo dejar ir a alguien o algo.
Soltar no es aprender a vivir con el yugo de haber bajado las expectativas.
No es necesitar el repaso de diálogos mentales para sentirte confiado.
Soltar NO es insistir en que puedes dejar ir x, y o z, cuando lo desees.
No es buscar desesperadamente a alguien que esté de tu lado en un conflicto.
Hay qué aprender a vivir dando a cada minuto lo mejor de nosotros, solamente, aquí está nuestro poder, sobre nosotros mismos, fuera de eso no hay nada que podamos controlar, no podemos controlar lo que otras personas piensen o sientan, no podemos controlar las fuerzas de la naturaleza, ni la derivación de los hechos ni de las circunstancias, únicamente la forma en como enfrentemos las cosas, las elecciones que hagamos, la actitud que tomemos, eso sí está en nuestro haber.
El camino de la no resistencia es el del poder y el de la fluidez, recuerda que “Todo lo que resistes, se convierte en tu enemigo” o dicho de otra forma, “Lo que resistes, persiste”, apegarse es resistir, es decir, NO aceptar, al hacerlo es como si apretaras el flujo de vida, como cuando se aplasta una manguera, detienes el paso, hay estancamiento, hay muchísima presión sobre ti, como una olla de presión por explotar y el sufrimiento es tremendo
Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza INCONDICIONAL, en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad y la necesidad de sentir seguridad emana de no conocer tu yo verdadero.
Toda la creación está diseñada para soltar lo que ya no necesita, sin mayor esfuerzo, ejemplo: el árbol que suelta la fruta cuando se madura, las nubes soltando la lluvia, aquí no interviene ninguna fuerza sobrenatural, por el contrario es una fuerza que trabaja a favor, en forma amigable y esa misma fuerza está disponible para nosotros, lo único que hay qué hacer es NO RESISITIR, sino cooperar y definitivamente es un trabajo de dentro hacia fuera, no se necesita luchar, solo disposición para hacerlo.
Una Mente Vertical
“Hay dos dimensiones. Una es horizontal. Más, más, más: esa es la dimensión horizontal. Te mueves en una línea. Estás en el punto A y quieres estar en el punto B. Cuando estás en el punto B, quieres estar en el punto C. Pronto llegarás a XYZ. Y a partir de Z es el infierno. Z es la puerta del infierno. Pero no puedes detenerte, la mente sigue. La mente dice: "Mira, estás en C, y D es posible. Así que para qué perder el tiempo en C, vete a D. Luego E se hace posible, así que vete a E". No hay tiempo para disfrutar, no hay tiempo para celebrar, no hay tiempo para retirarse y ser. Estás haciendo, haciendo; nunca siendo. Ser significa que G es suficiente, ahora disfrútalo. Te has ganado tu pan de hoy. Ahora retírate. Pero la mente dice: "¿Y la caja fuerte en el Banco? Todavía está a medio llenar. Tienes que llenarla completamente".
En India lo llaman círculo vicioso del noventa y nueve. Tienen una historia.
Un barbero pobre era muy feliz, tremendamente feliz, como sólo puede serlo a veces la gente pobre. No tenía nada de qué preocuparse. Era el barbero del rey; solía masajearle, arreglarle el cabello, servirle cada día. Incluso el rey le tenía envidia y siempre le preguntaba: "¿Cuál es el secreto de tu felicidad? Siempre estás rebosante de alegría. No pareces caminar sobre la tierra, pareces estar volando. ¿Cuál es tu secreto?" El barbero pobre dijo: "No lo sé. En realidad nunca antes había oído esa palabra, secreto. ¿Qué quieres decir? Simplemente soy feliz. Me gano el pan y luego me retiro. Eso es todo".
Entonces el rey preguntó a su visir, su primer ministro, que era un hombre de conocimiento, un hombre muy, muy erudito. Le preguntó: "Tú debes saber el secreto de este barbero. Yo soy un gran rey y no soy tan feliz; pero ese hombre tan pobre, sin tener nada, es muy feliz". El primer ministro dijo: "No sabe nada acerca del círculo vicioso del noventa y nueve". El rey dijo: "¿Qué es eso?" El visir se rió y dijo: "Tú estás en él, pero no lo sabes. Haremos una cosa. Esta noche arrojaremos una bolsa con noventa y nueve rupias al interior de su casa". Al día siguiente el barbero estaba en el infierno; de hecho, no durmió en toda la noche. Contó las rupias de la bolsa una y otra vez: noventa y nueve. Y estaba tan entusiasmado, ¿cómo vas a dormir estando tan entusiasmado? El corazón le palpitaba, la sangre circulaba; debía tener una alta presión sanguínea, una excitación. Se revolvía y revolvía. Se levantaba otra vez, tocaba las rupias de oro, las contaba de nuevo. Nunca había tenido la experiencia de contar rupias, y noventa y nueve era el problema, porque cuando tienes noventa y nueve quieres que sean cien.
Así que planeaba qué hacer al día siguiente para conseguir una rupia; una rupia de oro era algo difícil de conseguir. Sólo consiguió algunas paisas, que en aquellos días eran suficientes. ¿Cómo conseguir una rupia? Una rupia, una rupia de oro, significaba casi un mes de trabajo. ¿Qué hacer? Lo planeó de muchas formas, era un hombre pobre, no sabía mucho acerca del dinero. Sólo pudo pensar una cosa, que ayunaría un día y comería otro. Así, poco a poco, podría acumular una rupia, porque cien rupias estaría bien. La mente es estúpida, tiene que completar las cosas. La mente es una perfeccionista. ¿Noventa y nueve?. Se ha creado la obsesión. Tienen que ser cien.
Estaba triste. Al día siguiente llegó muy triste y preocupado, no volaba en el cielo, estaba muy sobre la tierra. No sólo estaba muy sobre la tierra, sino que un gran lastre, como una piedra, colgaba de su cuello. El rey le preguntó: "¿Qué te pasa? Pareces muy preocupado". Él no dijo nada, porque no quería hablar de la bolsa.
Pero cada día la situación empeoraba más y más. No podía dar bien los masajes porque no tenía energía, a causa del ayuno. Así que el rey le dijo: "¿Qué estas haciendo? Ahora no pareces tener nada de energía, y pareces tan triste y desgraciado. ¿Qué ha sucedido?" Así que un día tuvo que contárselo al rey porque el rey insistió: "Dímelo, puedo ayudarte. Dime qué pasa". Él dijo: "ahora soy una víctima del círculo vicioso del noventa y nueve".
Cuando tienes noventa y nueve, hay un círculo vicioso, quieres que sean cien, es la línea horizontal. Y no pienses que cuando sean cien, el asunto se detendrá. Nunca se detiene. La mente no sabe dónde parar. No conoce el detenerse. Por eso cae. Sigue sin detenerse en ningún sitio, de A a B, de B a C, y sigue y sigue hasta que en Z cae en el infierno.
Luego hay otra forma de vida. La vertical, no horizontal. No vas de A a B, de B a C. No, no te mueves en línea, en el mismo plano, al mismo nivel, no. Vas de A a Al, a A2, a A3 en línea vertical, en profundidad. Entras en la profundidad de A. Cualquier cosa que sea en el momento, entras profundamente en ello, no vas de este momento al siguiente, sino que entras tan profundamente como puedes en este mismo momento. Entonces, incluso un momento se convierte en eternidad, y tu felicidad crece y no conoce límites, y tu gozo crece y no conoce límites. Y nunca hay un desequilibrio, siempre estás equilibrado. Una mente vertical siempre está en equilibrio, porque una mente vertical ya no es una mente.
Todo el esfuerzo de la meditación es darte una mente vertical. Una mente vertical significa virtualmente una no-mente. Entonces te mueves de A a Al, A2, A3, en profundidad. O verticalmente, en altura. Cuando llega B, de nuevo vas de B a B2, B3. Nunca te caes de ningún sitio porque siempre entras en la profundidad. Eso es el retiro, te has ganado el pan de hoy, ahora te retiras.
Pero tú no sabes retirarte: sigues ganándote el pan también en tus sueños. Te acuestas y haces planes para mañana y nadie sabe si el mañana vendrá o no. De hecho, nunca viene. Siempre es hoy. Estás haciendo planes para el futuro, sin saber que la muerte destruirá todo futuro. Sé sabio. Permanece en el momento. Vívelo tan totalmente como puedas y entonces no conocerás ninguna muerte. Un hombre que no está preocupado por el mañana no conoce ninguna muerte. Se vuelve inmortal, porque la muerte es mañana, la vida es hoy.
La muerte está en el futuro, la vida siempre está en el presente, éste es el significado del retiro. No te retiras al final de tu vida, te retiras todos los días, te retiras a cada momento. Cuando has disfrutado un momento, eso es retiro, es a través del retiro. Cuando vuelvas de la oficina a tu casa, deja la oficina en la oficina. No la lleves en tu cabeza, si no, tendrás dolor de cabeza, tendrás que tenerlo. ¡Una cosa tan grande, la oficina, la llevas en tu cabeza! ¡Es pesada! aprende a retirarte de él.
Retirarse todos los días, retirarse a cada momento... La mera palabra "retiro" no nos parece buena, porque da la sensación de vejez, invalidez. Después de los sesenta y cinco, cuando se acerca la muerte, uno se retira. No, la palabra "retiro" es muy hermosa. Retiro significa descanso. El trabajo está hecho, ahora retírate, disfrútalo. No pospongas el disfrutar, ése es el significado de la palabra "retiro".
Disfruta aquí y ahora.
Retírate cuando tu trabajo esté hecho. Así es el camino del Cielo.
Permanece siempre en el medio, permanece siempre dentro de los límites, permanece siempre satisfecho, no anhelando más y más y más.
Abandona la línea horizontal y entra en la vertical. Retírate. Y estarás lleno, conocerás la más grande plenitud que la vida pueda darte. Ése es un momento profundo de total equilibrio, de tranquilidad. Lo hemos llamado iluminación, liberación, moksha, nirvana o llámalo como tú quieras.”
Por Carlos Inza
En India lo llaman círculo vicioso del noventa y nueve. Tienen una historia.
Un barbero pobre era muy feliz, tremendamente feliz, como sólo puede serlo a veces la gente pobre. No tenía nada de qué preocuparse. Era el barbero del rey; solía masajearle, arreglarle el cabello, servirle cada día. Incluso el rey le tenía envidia y siempre le preguntaba: "¿Cuál es el secreto de tu felicidad? Siempre estás rebosante de alegría. No pareces caminar sobre la tierra, pareces estar volando. ¿Cuál es tu secreto?" El barbero pobre dijo: "No lo sé. En realidad nunca antes había oído esa palabra, secreto. ¿Qué quieres decir? Simplemente soy feliz. Me gano el pan y luego me retiro. Eso es todo".
Entonces el rey preguntó a su visir, su primer ministro, que era un hombre de conocimiento, un hombre muy, muy erudito. Le preguntó: "Tú debes saber el secreto de este barbero. Yo soy un gran rey y no soy tan feliz; pero ese hombre tan pobre, sin tener nada, es muy feliz". El primer ministro dijo: "No sabe nada acerca del círculo vicioso del noventa y nueve". El rey dijo: "¿Qué es eso?" El visir se rió y dijo: "Tú estás en él, pero no lo sabes. Haremos una cosa. Esta noche arrojaremos una bolsa con noventa y nueve rupias al interior de su casa". Al día siguiente el barbero estaba en el infierno; de hecho, no durmió en toda la noche. Contó las rupias de la bolsa una y otra vez: noventa y nueve. Y estaba tan entusiasmado, ¿cómo vas a dormir estando tan entusiasmado? El corazón le palpitaba, la sangre circulaba; debía tener una alta presión sanguínea, una excitación. Se revolvía y revolvía. Se levantaba otra vez, tocaba las rupias de oro, las contaba de nuevo. Nunca había tenido la experiencia de contar rupias, y noventa y nueve era el problema, porque cuando tienes noventa y nueve quieres que sean cien.
Así que planeaba qué hacer al día siguiente para conseguir una rupia; una rupia de oro era algo difícil de conseguir. Sólo consiguió algunas paisas, que en aquellos días eran suficientes. ¿Cómo conseguir una rupia? Una rupia, una rupia de oro, significaba casi un mes de trabajo. ¿Qué hacer? Lo planeó de muchas formas, era un hombre pobre, no sabía mucho acerca del dinero. Sólo pudo pensar una cosa, que ayunaría un día y comería otro. Así, poco a poco, podría acumular una rupia, porque cien rupias estaría bien. La mente es estúpida, tiene que completar las cosas. La mente es una perfeccionista. ¿Noventa y nueve?. Se ha creado la obsesión. Tienen que ser cien.
Estaba triste. Al día siguiente llegó muy triste y preocupado, no volaba en el cielo, estaba muy sobre la tierra. No sólo estaba muy sobre la tierra, sino que un gran lastre, como una piedra, colgaba de su cuello. El rey le preguntó: "¿Qué te pasa? Pareces muy preocupado". Él no dijo nada, porque no quería hablar de la bolsa.
Pero cada día la situación empeoraba más y más. No podía dar bien los masajes porque no tenía energía, a causa del ayuno. Así que el rey le dijo: "¿Qué estas haciendo? Ahora no pareces tener nada de energía, y pareces tan triste y desgraciado. ¿Qué ha sucedido?" Así que un día tuvo que contárselo al rey porque el rey insistió: "Dímelo, puedo ayudarte. Dime qué pasa". Él dijo: "ahora soy una víctima del círculo vicioso del noventa y nueve".
Cuando tienes noventa y nueve, hay un círculo vicioso, quieres que sean cien, es la línea horizontal. Y no pienses que cuando sean cien, el asunto se detendrá. Nunca se detiene. La mente no sabe dónde parar. No conoce el detenerse. Por eso cae. Sigue sin detenerse en ningún sitio, de A a B, de B a C, y sigue y sigue hasta que en Z cae en el infierno.
Luego hay otra forma de vida. La vertical, no horizontal. No vas de A a B, de B a C. No, no te mueves en línea, en el mismo plano, al mismo nivel, no. Vas de A a Al, a A2, a A3 en línea vertical, en profundidad. Entras en la profundidad de A. Cualquier cosa que sea en el momento, entras profundamente en ello, no vas de este momento al siguiente, sino que entras tan profundamente como puedes en este mismo momento. Entonces, incluso un momento se convierte en eternidad, y tu felicidad crece y no conoce límites, y tu gozo crece y no conoce límites. Y nunca hay un desequilibrio, siempre estás equilibrado. Una mente vertical siempre está en equilibrio, porque una mente vertical ya no es una mente.
Todo el esfuerzo de la meditación es darte una mente vertical. Una mente vertical significa virtualmente una no-mente. Entonces te mueves de A a Al, A2, A3, en profundidad. O verticalmente, en altura. Cuando llega B, de nuevo vas de B a B2, B3. Nunca te caes de ningún sitio porque siempre entras en la profundidad. Eso es el retiro, te has ganado el pan de hoy, ahora te retiras.
Pero tú no sabes retirarte: sigues ganándote el pan también en tus sueños. Te acuestas y haces planes para mañana y nadie sabe si el mañana vendrá o no. De hecho, nunca viene. Siempre es hoy. Estás haciendo planes para el futuro, sin saber que la muerte destruirá todo futuro. Sé sabio. Permanece en el momento. Vívelo tan totalmente como puedas y entonces no conocerás ninguna muerte. Un hombre que no está preocupado por el mañana no conoce ninguna muerte. Se vuelve inmortal, porque la muerte es mañana, la vida es hoy.
La muerte está en el futuro, la vida siempre está en el presente, éste es el significado del retiro. No te retiras al final de tu vida, te retiras todos los días, te retiras a cada momento. Cuando has disfrutado un momento, eso es retiro, es a través del retiro. Cuando vuelvas de la oficina a tu casa, deja la oficina en la oficina. No la lleves en tu cabeza, si no, tendrás dolor de cabeza, tendrás que tenerlo. ¡Una cosa tan grande, la oficina, la llevas en tu cabeza! ¡Es pesada! aprende a retirarte de él.
Retirarse todos los días, retirarse a cada momento... La mera palabra "retiro" no nos parece buena, porque da la sensación de vejez, invalidez. Después de los sesenta y cinco, cuando se acerca la muerte, uno se retira. No, la palabra "retiro" es muy hermosa. Retiro significa descanso. El trabajo está hecho, ahora retírate, disfrútalo. No pospongas el disfrutar, ése es el significado de la palabra "retiro".
Disfruta aquí y ahora.
Retírate cuando tu trabajo esté hecho. Así es el camino del Cielo.
Permanece siempre en el medio, permanece siempre dentro de los límites, permanece siempre satisfecho, no anhelando más y más y más.
Abandona la línea horizontal y entra en la vertical. Retírate. Y estarás lleno, conocerás la más grande plenitud que la vida pueda darte. Ése es un momento profundo de total equilibrio, de tranquilidad. Lo hemos llamado iluminación, liberación, moksha, nirvana o llámalo como tú quieras.”
Por Carlos Inza
Miedo al Abandono
Miedo al Abandono
Escrito por Eva Sandoval
Uno de los miedos que más se ven es el miedo al abandono.
Desde mi mapa, o punto de vista, el miedo al abandono es infantil.
Piénsalo bien:
Si nos abandonan como adultos ¿qué?…
Aunque suene muy fácil de decir pensemos en esto:
El miedo al abandono existe antes de que se produzca el propio abandono, es decir, como la mayoría de los miedos; está en la mente. Si el abandono se produce, que además suele ocurrir dada la atención que se le pone generada por el miedo, ya no hay miedo al abandono sino tristeza, dolor, en muchos casos alivio u otra emoción distinta.
Si en algún momento de nuestra niñez nos sentimos abandonados, cosa bastante común, lo gestionamos de la manera que mejor supimos, por ejemplo: bloqueándolo para evitar el dolor y poder seguir con nuestras vidas….ahora de adultos ese miedo sale para ser transformado. Sale ahora porqué ya tenemos la capacidad de transformarlo y hacerlo desaparecer….pero en lugar de hacer eso, dada nuestra educación, nos colocamos la etiqueta correspondiente: ansiedad, depresión….y nos excusamos en ella.
Uno ve demasiadas personas infelices a causa de este tipo miedos. En lugar de atravesar el miedo, viviéndolo, transformándolo y dejándolo atrás, se pone el freno justo antes de llegar y se le da más y más fuerza ayudando a que ocurra justamente aquello a lo que tememos.
Si sientes miedo al abandono, recuerda: es infantil y ya no eres un niño.
Tienes muchos caminos para elegir, busca el tuyo propio pero elige uno. Muévete. Supera el miedo, atraviesalo, vívelo. Cuando haces eso el miedo se esfuma, desaparece y en su lugar llega la confianza y el amor…
Y si alguien te abandona pues que te abandone, déjale ir, es su decisión, y debes respetarla.
Elegimos las personas con las que compartimos nuestro tiempo igual que ellas nos eligen a nosotros.
Si te amas cada vez más irás encontrando más personas que no te abandonarán sino que te amarán tal como tú haces….recuerda:
¡¡Las personas son espejos de nosotros mismos!!
Si dejas de tener miedo y actúas, encontrarás una fuerza interior en tí que no has sentido antes. Esa fuerza está bloqueada por nuestras mentes/ego que nos protegen de un dolor que ya no duele como antes y para el que tenemos “recursos” :)
Para un niño un adulto es como para un adulto un gigante. Es decir, las proporciones dependen del observador y desde la perspectiva de un niño casi todo es muy grande, pero de adulto ya no hay gigantes. Lo que hay ahora son solo personas que sufren.
Por eso ahora todos estos tipos de miedo: miedo al abandono, miedo al rechazo, etc..cubren un dolor que se puede superar si lo haces desde tu corazón de adulto. La mente tiene el recuerdo antiguo, “piensa” que va a ser igual que cuando “nos abandonaron, rechazaron,etc..” pero hemos crecido y una vez más: Ya no hay gigantes!!
Escrito por Eva Sandoval
Uno de los miedos que más se ven es el miedo al abandono.
Desde mi mapa, o punto de vista, el miedo al abandono es infantil.
Piénsalo bien:
Si nos abandonan como adultos ¿qué?…
Aunque suene muy fácil de decir pensemos en esto:
El miedo al abandono existe antes de que se produzca el propio abandono, es decir, como la mayoría de los miedos; está en la mente. Si el abandono se produce, que además suele ocurrir dada la atención que se le pone generada por el miedo, ya no hay miedo al abandono sino tristeza, dolor, en muchos casos alivio u otra emoción distinta.
Si en algún momento de nuestra niñez nos sentimos abandonados, cosa bastante común, lo gestionamos de la manera que mejor supimos, por ejemplo: bloqueándolo para evitar el dolor y poder seguir con nuestras vidas….ahora de adultos ese miedo sale para ser transformado. Sale ahora porqué ya tenemos la capacidad de transformarlo y hacerlo desaparecer….pero en lugar de hacer eso, dada nuestra educación, nos colocamos la etiqueta correspondiente: ansiedad, depresión….y nos excusamos en ella.
Uno ve demasiadas personas infelices a causa de este tipo miedos. En lugar de atravesar el miedo, viviéndolo, transformándolo y dejándolo atrás, se pone el freno justo antes de llegar y se le da más y más fuerza ayudando a que ocurra justamente aquello a lo que tememos.
Si sientes miedo al abandono, recuerda: es infantil y ya no eres un niño.
Tienes muchos caminos para elegir, busca el tuyo propio pero elige uno. Muévete. Supera el miedo, atraviesalo, vívelo. Cuando haces eso el miedo se esfuma, desaparece y en su lugar llega la confianza y el amor…
Y si alguien te abandona pues que te abandone, déjale ir, es su decisión, y debes respetarla.
Elegimos las personas con las que compartimos nuestro tiempo igual que ellas nos eligen a nosotros.
Si te amas cada vez más irás encontrando más personas que no te abandonarán sino que te amarán tal como tú haces….recuerda:
¡¡Las personas son espejos de nosotros mismos!!
Si dejas de tener miedo y actúas, encontrarás una fuerza interior en tí que no has sentido antes. Esa fuerza está bloqueada por nuestras mentes/ego que nos protegen de un dolor que ya no duele como antes y para el que tenemos “recursos” :)
Para un niño un adulto es como para un adulto un gigante. Es decir, las proporciones dependen del observador y desde la perspectiva de un niño casi todo es muy grande, pero de adulto ya no hay gigantes. Lo que hay ahora son solo personas que sufren.
Por eso ahora todos estos tipos de miedo: miedo al abandono, miedo al rechazo, etc..cubren un dolor que se puede superar si lo haces desde tu corazón de adulto. La mente tiene el recuerdo antiguo, “piensa” que va a ser igual que cuando “nos abandonaron, rechazaron,etc..” pero hemos crecido y una vez más: Ya no hay gigantes!!
¿Tienes controlada tu ansiedad?
¿Tienes controlada tu ansiedad?
La ansiedad y el miedo son respuestas naturales que todo ser humano tiene para ayudarse a enfrentar alguna amenaza. Son reacciones naturales que nos ayudan a mantener una sensación de seguridad. Sentimos temor cuando nos topamos con una situación que consideramos peligrosa. Experimentamos ansiedad cuando creemos que algo amenazante podría ocurrir en el futuro.
Los componentes básicos del miedo y la ansiedad son los pensamientos, las percepciones de todos los sentidos, los sentimientos y los comportamientos. Cuando nos sentimos temerosos o ansiosos, en cualquier cosa podemos identificar alguna amenaza y pensamos en el peor de todos los escenarios posibles; sentimos excitación y tensión en el cuerpo, y procuramos buscar una salida evitando aquello a lo que tememos. Es importante tener muy claro que estas reacciones son útiles por que nos alertan y preparan sobre alguna posible amenaza. Dado que estas respuestas nos han servido como raza humana para la supervivencia, suceden muy rápidamente, sin tener que pensar mucho sobre lo que está pasando. Nos podemos sentir atemorizados o tensos sin siquiera saber lo que está ocasionando esas reacciones, también podemos evitar situaciones de peligro sin darnos cuenta. Estas reacciones nos sirven para mantenernos a salvo, sobre todo en situaciones de peligro físico.
Ser consciente de estas reacciones.
Aunque ante situaciones de peligro físico el huir o pelear pueden ser las mejores opciones, estas no son necesariamente efectivas al tratarse de otro tipo de amenazas. Por ejemplo, a todos nos gusta ser apreciados por otros y no ser rechazados, tiene que ver con el sentido de pertenencia. Sin embargo en ocasiones, el evitar el rechazo de los demás nos puede acarrear más problemas. Por ejemplo, si estás con ansiedad por algún asunto que tienes que aclarar con tu cónyuge, con alguno de tus hijos o con alguna amistad; podrías estar fingiendo que todo está bien y evitar así un suceso que te imaginas podría ser desagradable. Evitar esta situación no te hará más seguro, como lo haría el evitar caminar por un lugar peligroso en la madrugada. Pero también podrías decidir confrontar la situación porque sabes que en el largo plazo será lo mejor para la relación. Algo que todos sabemos en nuestro interior es que para avanzar en las cosas que más valoramos debemos tomar ciertos riesgos. Es totalmente normal que tomar un riesgo nos haga sentir inseguros, con ansiedad y vulnerables. Así es que, aunque nuestro sistema natural de supervivencia (sistema nervioso autónomo) nos “aconseje” evitar las situaciones amenazantes, en muchas ocasiones lo que tenemos que hacer es confrontarlas para llevar una vida más satisfactoria.
Cuando nuestra imaginación interfiere
Nuestro sistema de supervivencia puede ser afectado por nuestras asociaciones, recuerdos y prejuicios. Nos podemos sentir tan asustados al recordar un evento nefasto, o pensando en algo desafortunado que pudiese pasar, como si estuviéramos enfrentando un peligro físico real. Obtenemos la misma señal de alerta en respuesta a sólo pensamientos que a amenazas reales. De modo tal que en muchas ocasiones nos la pasamos preparándonos y reaccionando ante situaciones pasadas o imaginando amenazas futuras que muy probablemente nunca sucederán.
Las preocupaciones definitivamente aumentan nuestra ansiedad haciendo nuestras vidas más difíciles. Si estamos preocupados de que algo malo pueda suceder, podríamos evitar hacer cosas que pudiesen ser divertidas o enriquecedoras. Por ejemplo, podríamos evitar iniciar una actividad diferente, o iniciar un negocio por temor al fracaso. O tal vez dediquemos mucho tiempo y energía realizando cosas que creemos evitarán que pase algo no deseado en el futuro. Así pues, nuestra capacidad de pensar e imaginar nos puede crear ansiedad y temor en muchas ocasiones.
Cuando la realidad se nos va
Es evidente que un estado de hipervigilancia que nos ocasione ansiedad y miedo afectará nuestra calidad de vida. Los pensamientos que tengamos acerca de algo pasado o sobre algo negativo que pudiera suceder en el futuro nos distraen, tanto de lo que está ocurriendo en el ahora, como de todo lo bueno que nos podría pasar. Por ejemplo, si nos la pasamos recreando una situación desagradable que nos pasó en una tienda, en el trabajo o con algún familiar, nos estaremos perdiendo los momentos felices que tenemos enfrente. Como ya mencioné, en ocasiones evitamos hacer ciertas cosas por el temor a crear todavía más tensión y ansiedad. Esto podría hacernos pensar que no tenemos muchas opciones en la vida debido a que debemos invertir mucho tiempo y energía asegurándonos que no nos pasen las cosas negativas. La preocupación y la ansiedad pueden extraer la energía de la gente hasta el grado de hacerlos funcionar en piloto automático, ausentándolos de sus vidas en vez de lograr su total involucramiento. Es muy posible que el nefasto efecto de la preocupación y la ansiedad en la vida de las personas sea peor que la experiencia de sentir preocupación y ansiedad.
Desde el punto de vista fisiológico, una breve explicación de lo anterior es que en el momento en que percibes algo que interpretas como una amenaza tu sistema nervioso autónomo registra esta información y envía un flujo de hormonas que prepararán al cuerpo para responder, activando con esto al sistema nervioso simpático que es el que te prepara para pelear o huir. Un efecto de esto es el de reducir tanto el funcionamiento cognitivo, como el abanico de comportamientos a tu disposición. La información que percibes es SOLO la relacionada a la amenaza, con lo cual tu percepción se limita considerablemente.
La activación del sistema nervioso simpático tiene diversos impactos en tu cuerpo: aumenta la respiración; se abren las arterias del corazón y se incrementan sus latidos; aumenta la presión arterial; se genera adrenalina y otras hormonas de estrés y aumenta la sudoración. Todo esto interfiere con el funcionamiento adecuado del sistema nervioso parasimpático que es el que ayuda a regular los efectos del estrés, manteniendo al cuerpo en las condiciones que propician su salud. Cuando el sistema nervioso simpático impide al sistema nervioso parasimpático hacer bien su trabajo, éste no puede lograr las siguientes cosas: mantener en niveles adecuados la presión arterial y el ritmo cardiaco; lubricar boca y ojos; permitir el descanso y el sueño y estimular los procesos naturales de sanación del cuerpo.
En resumen:
la ansiedad reduce nuestra visión para podernos enfocar en la amenaza.
la preocupación se enfoca en el futuro, por lo que perdemos de vista lo que está ocurriendo en el presente, creando fallas de información.
es muy difícil darnos cuenta de lo anterior debido a la participación del sistema nervioso autónomo.
en estados de ansiedad nuestra respuesta es automática y rígida.
la preocupación nos orilla a creer que no tenemos opciones y que debemos actuar de una cierta manera.
la preocupación puede resultar tan agotadora que puede dejarte sin ganas de realizar las cosas que te hacen feliz.
Cuando logramos estados de relajación, paz y apertura, el sistema nervioso parasimpático se activa propiciando que el cuerpo ponga en marcha sus procesos curativos naturales.
La ansiedad y el miedo son respuestas naturales que todo ser humano tiene para ayudarse a enfrentar alguna amenaza. Son reacciones naturales que nos ayudan a mantener una sensación de seguridad. Sentimos temor cuando nos topamos con una situación que consideramos peligrosa. Experimentamos ansiedad cuando creemos que algo amenazante podría ocurrir en el futuro.
Los componentes básicos del miedo y la ansiedad son los pensamientos, las percepciones de todos los sentidos, los sentimientos y los comportamientos. Cuando nos sentimos temerosos o ansiosos, en cualquier cosa podemos identificar alguna amenaza y pensamos en el peor de todos los escenarios posibles; sentimos excitación y tensión en el cuerpo, y procuramos buscar una salida evitando aquello a lo que tememos. Es importante tener muy claro que estas reacciones son útiles por que nos alertan y preparan sobre alguna posible amenaza. Dado que estas respuestas nos han servido como raza humana para la supervivencia, suceden muy rápidamente, sin tener que pensar mucho sobre lo que está pasando. Nos podemos sentir atemorizados o tensos sin siquiera saber lo que está ocasionando esas reacciones, también podemos evitar situaciones de peligro sin darnos cuenta. Estas reacciones nos sirven para mantenernos a salvo, sobre todo en situaciones de peligro físico.
Ser consciente de estas reacciones.
Aunque ante situaciones de peligro físico el huir o pelear pueden ser las mejores opciones, estas no son necesariamente efectivas al tratarse de otro tipo de amenazas. Por ejemplo, a todos nos gusta ser apreciados por otros y no ser rechazados, tiene que ver con el sentido de pertenencia. Sin embargo en ocasiones, el evitar el rechazo de los demás nos puede acarrear más problemas. Por ejemplo, si estás con ansiedad por algún asunto que tienes que aclarar con tu cónyuge, con alguno de tus hijos o con alguna amistad; podrías estar fingiendo que todo está bien y evitar así un suceso que te imaginas podría ser desagradable. Evitar esta situación no te hará más seguro, como lo haría el evitar caminar por un lugar peligroso en la madrugada. Pero también podrías decidir confrontar la situación porque sabes que en el largo plazo será lo mejor para la relación. Algo que todos sabemos en nuestro interior es que para avanzar en las cosas que más valoramos debemos tomar ciertos riesgos. Es totalmente normal que tomar un riesgo nos haga sentir inseguros, con ansiedad y vulnerables. Así es que, aunque nuestro sistema natural de supervivencia (sistema nervioso autónomo) nos “aconseje” evitar las situaciones amenazantes, en muchas ocasiones lo que tenemos que hacer es confrontarlas para llevar una vida más satisfactoria.
Cuando nuestra imaginación interfiere
Nuestro sistema de supervivencia puede ser afectado por nuestras asociaciones, recuerdos y prejuicios. Nos podemos sentir tan asustados al recordar un evento nefasto, o pensando en algo desafortunado que pudiese pasar, como si estuviéramos enfrentando un peligro físico real. Obtenemos la misma señal de alerta en respuesta a sólo pensamientos que a amenazas reales. De modo tal que en muchas ocasiones nos la pasamos preparándonos y reaccionando ante situaciones pasadas o imaginando amenazas futuras que muy probablemente nunca sucederán.
Las preocupaciones definitivamente aumentan nuestra ansiedad haciendo nuestras vidas más difíciles. Si estamos preocupados de que algo malo pueda suceder, podríamos evitar hacer cosas que pudiesen ser divertidas o enriquecedoras. Por ejemplo, podríamos evitar iniciar una actividad diferente, o iniciar un negocio por temor al fracaso. O tal vez dediquemos mucho tiempo y energía realizando cosas que creemos evitarán que pase algo no deseado en el futuro. Así pues, nuestra capacidad de pensar e imaginar nos puede crear ansiedad y temor en muchas ocasiones.
Cuando la realidad se nos va
Es evidente que un estado de hipervigilancia que nos ocasione ansiedad y miedo afectará nuestra calidad de vida. Los pensamientos que tengamos acerca de algo pasado o sobre algo negativo que pudiera suceder en el futuro nos distraen, tanto de lo que está ocurriendo en el ahora, como de todo lo bueno que nos podría pasar. Por ejemplo, si nos la pasamos recreando una situación desagradable que nos pasó en una tienda, en el trabajo o con algún familiar, nos estaremos perdiendo los momentos felices que tenemos enfrente. Como ya mencioné, en ocasiones evitamos hacer ciertas cosas por el temor a crear todavía más tensión y ansiedad. Esto podría hacernos pensar que no tenemos muchas opciones en la vida debido a que debemos invertir mucho tiempo y energía asegurándonos que no nos pasen las cosas negativas. La preocupación y la ansiedad pueden extraer la energía de la gente hasta el grado de hacerlos funcionar en piloto automático, ausentándolos de sus vidas en vez de lograr su total involucramiento. Es muy posible que el nefasto efecto de la preocupación y la ansiedad en la vida de las personas sea peor que la experiencia de sentir preocupación y ansiedad.
Desde el punto de vista fisiológico, una breve explicación de lo anterior es que en el momento en que percibes algo que interpretas como una amenaza tu sistema nervioso autónomo registra esta información y envía un flujo de hormonas que prepararán al cuerpo para responder, activando con esto al sistema nervioso simpático que es el que te prepara para pelear o huir. Un efecto de esto es el de reducir tanto el funcionamiento cognitivo, como el abanico de comportamientos a tu disposición. La información que percibes es SOLO la relacionada a la amenaza, con lo cual tu percepción se limita considerablemente.
La activación del sistema nervioso simpático tiene diversos impactos en tu cuerpo: aumenta la respiración; se abren las arterias del corazón y se incrementan sus latidos; aumenta la presión arterial; se genera adrenalina y otras hormonas de estrés y aumenta la sudoración. Todo esto interfiere con el funcionamiento adecuado del sistema nervioso parasimpático que es el que ayuda a regular los efectos del estrés, manteniendo al cuerpo en las condiciones que propician su salud. Cuando el sistema nervioso simpático impide al sistema nervioso parasimpático hacer bien su trabajo, éste no puede lograr las siguientes cosas: mantener en niveles adecuados la presión arterial y el ritmo cardiaco; lubricar boca y ojos; permitir el descanso y el sueño y estimular los procesos naturales de sanación del cuerpo.
En resumen:
la ansiedad reduce nuestra visión para podernos enfocar en la amenaza.
la preocupación se enfoca en el futuro, por lo que perdemos de vista lo que está ocurriendo en el presente, creando fallas de información.
es muy difícil darnos cuenta de lo anterior debido a la participación del sistema nervioso autónomo.
en estados de ansiedad nuestra respuesta es automática y rígida.
la preocupación nos orilla a creer que no tenemos opciones y que debemos actuar de una cierta manera.
la preocupación puede resultar tan agotadora que puede dejarte sin ganas de realizar las cosas que te hacen feliz.
Cuando logramos estados de relajación, paz y apertura, el sistema nervioso parasimpático se activa propiciando que el cuerpo ponga en marcha sus procesos curativos naturales.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Los Apegos
http://www.lorenasabugal.com/los-apegos/#more-2179
Los Apegos
Ayer reflexionaba sobre como nos aferramos a nuestros deseos, y como este apego nos causa infelicidad. Si no tenemos lo que deseamos, sufrimos. Y si tenemos lo que deseamos, también sufrimos porque nos entra un miedo tremendo a perderlo. En ambos casos, estamos constantemente enviándole al Universo señales de escasez, porque cada vez que “deseamos” lo que hacemos es vibrar en la frecuencia del “carezco de”….
Estamos apegados a las cosas (la casa, el coche, el dinero, el barco, el avión), a las personas (la pareja, los padres, los hijos, los amigos), a los resultados de nuestras acciones, a los sentimientos, … hasta tal extremo que nos limitamos tremendamente en nuestra capacidad de gozar. Si por ejemplo yo me creo que sólo experimentaré la felicidad cuando tenga pareja, me estoy perdiendo la posibilidad de ser feliz cuando estoy sol@. Si estoy frustad@ y decepcionad@ porque no tengo el éxito que deseo, excluyo de mi vida la opción de ser feliz disfrutando de lo que tengo hoy, aquí y ahora. Lo más divertido es que cuando me desapego, la Vida es mucho más amplia y gratificante! Puedo experimentar la felicidad con todo y con todos, por lo que el campo de mis experiencias se amplia sin límites…
En realidad, lo que deseamos viene determinado por nuestra programación. Nos educaron para creernos que sólo podemos ser felices “si tenemos ciertas cosas” o “si somos de una determinada manera”. Esto es sólo una creencia, y si lo elejimos, la podemos cambiar… Este trocito del libro de Anthony de Mello “Una Llamada al Amor“ lo explica claramente:
“¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad? No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? Pues, simplemente, porque tu mente no deja de producir infelicidad. Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido. ¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.
Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz. Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el “Reino de Dios”? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!
Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás: “Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?”. Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.
En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos. Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.
Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.
Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir, negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?
Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.
A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.”
Los Apegos
Ayer reflexionaba sobre como nos aferramos a nuestros deseos, y como este apego nos causa infelicidad. Si no tenemos lo que deseamos, sufrimos. Y si tenemos lo que deseamos, también sufrimos porque nos entra un miedo tremendo a perderlo. En ambos casos, estamos constantemente enviándole al Universo señales de escasez, porque cada vez que “deseamos” lo que hacemos es vibrar en la frecuencia del “carezco de”….
Estamos apegados a las cosas (la casa, el coche, el dinero, el barco, el avión), a las personas (la pareja, los padres, los hijos, los amigos), a los resultados de nuestras acciones, a los sentimientos, … hasta tal extremo que nos limitamos tremendamente en nuestra capacidad de gozar. Si por ejemplo yo me creo que sólo experimentaré la felicidad cuando tenga pareja, me estoy perdiendo la posibilidad de ser feliz cuando estoy sol@. Si estoy frustad@ y decepcionad@ porque no tengo el éxito que deseo, excluyo de mi vida la opción de ser feliz disfrutando de lo que tengo hoy, aquí y ahora. Lo más divertido es que cuando me desapego, la Vida es mucho más amplia y gratificante! Puedo experimentar la felicidad con todo y con todos, por lo que el campo de mis experiencias se amplia sin límites…
En realidad, lo que deseamos viene determinado por nuestra programación. Nos educaron para creernos que sólo podemos ser felices “si tenemos ciertas cosas” o “si somos de una determinada manera”. Esto es sólo una creencia, y si lo elejimos, la podemos cambiar… Este trocito del libro de Anthony de Mello “Una Llamada al Amor“ lo explica claramente:
“¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad? No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? Pues, simplemente, porque tu mente no deja de producir infelicidad. Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido. ¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.
Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz. Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el “Reino de Dios”? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!
Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás: “Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?”. Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.
En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos. Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.
Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.
Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir, negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?
Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.
A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.”
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