domingo, 9 de septiembre de 2012

La Seguridad No Existe

La sabiduría de la  incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la
incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la
prisión del condicionamiento anterior.

Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos  a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.

Deepak Chopra


Para obtener cualquier cosa que desees en esta vida hay qué renunciar al apego que le tienes.

El apego se define como un lazo afectivo intenso,  duradero que se consolida entre dos personas o entre una persona y algún deseo, creencia, evento o resultado y cuyo objetivo es dar seguridad, consuelo y protección. Nos han enseñado desde pequeños a perseguir desenfrenadamente la seguridad y….

LA SEGURIDAD NO EXISTE, nadie la ha tenido, nadie la tiene ni la tendrá.

Es inasible, inalcanzable porque NO ES más que un concepto hecho por nosotros los humanos.

Así es que…
hay que aprender a ir por la vida sin apegos, sin expectativas. Con esto no quiero decir que no haya Esperanza, por el contrario, hay qué esperar, pero soltando el resultado… lo esperado…

Es muy distinto  vivir con Desapego a vivir con Resignación, la diferencia básica es que la resignación lleva consigo el auto sacrificio, amargura… el desapego… la paz.

Aprender a “soltar, a liberarse, a desapegarse” no significa:

Soltar nada que esté “fuera de ti”.

Soltar no es buscar ansiosamente nuevas soluciones a viejos problemas.

Dejar ir no es evadir a las personas o los lugares que te recuerdan viejos apegos.

Vivir con el corazón roto por lo que “pudo haber sido".

Soltar no es inventarte justificaciones tratando de convencerte de lo bien que estuvo dejar ir a alguien o algo.

Soltar no es aprender a vivir con el yugo de haber bajado las expectativas.

No es necesitar el repaso de diálogos mentales para sentirte confiado.

Soltar NO es insistir en que puedes dejar ir x, y o z, cuando lo desees.

No es buscar desesperadamente a alguien que esté de tu lado en un conflicto.


Hay qué aprender a vivir dando a cada minuto lo mejor de nosotros, solamente, aquí está nuestro poder, sobre nosotros mismos, fuera de eso no hay nada que podamos controlar, no podemos controlar lo que otras personas piensen o sientan, no podemos controlar las fuerzas de la naturaleza, ni la derivación de los hechos ni de las circunstancias, únicamente la forma en como enfrentemos las cosas, las elecciones que hagamos, la actitud que tomemos, eso sí está en nuestro haber.

El camino de la no resistencia es el del poder y el de la fluidez, recuerda que “Todo lo que resistes, se convierte en tu enemigo” o dicho de otra forma, “Lo que resistes, persiste”, apegarse es resistir, es decir,  NO aceptar, al hacerlo es como si apretaras el flujo de vida, como cuando se aplasta una manguera, detienes el paso, hay estancamiento, hay muchísima presión sobre ti, como una olla de presión por explotar y el sufrimiento es tremendo

Podemos conseguir cualquier cosa que deseemos a través del desapego, porque éste se basa en la confianza INCONDICIONAL, en el poder del verdadero yo. El apego, en cambio, se basa en el temor y en la inseguridad  y la necesidad de sentir seguridad emana de no conocer tu yo verdadero.

Toda la creación está diseñada para soltar lo que ya no necesita, sin mayor esfuerzo,  ejemplo: el árbol que suelta la fruta cuando se madura, las nubes soltando la lluvia, aquí no interviene ninguna fuerza sobrenatural, por el contrario es una fuerza que trabaja a favor, en forma amigable y esa misma fuerza está disponible para nosotros, lo único que hay qué hacer es NO RESISITIR, sino cooperar y definitivamente es un trabajo de dentro hacia fuera, no se necesita luchar, solo disposición para hacerlo.

Una Mente Vertical

“Hay dos dimensiones.  Una es horizontal.  Más, más, más: esa es la dimensión horizontal.  Te mueves en una línea.  Estás en el punto A y quieres estar en el punto B. Cuando estás en el punto B, quieres estar en el punto C. Pronto llegarás a XYZ.  Y a partir de Z es el infierno.  Z es la puerta del infierno.  Pero no puedes detenerte, la mente sigue.  La mente dice: "Mira, estás en C, y D es posible.  Así que para qué perder el tiempo en C, vete a D. Luego E se hace posible, así que vete a E".  No hay tiempo para disfrutar, no hay tiempo para celebrar, no hay tiempo para retirarse y ser.  Estás haciendo, haciendo; nunca siendo.  Ser significa que G es suficiente, ahora disfrútalo.  Te has ganado tu pan de hoy.  Ahora retírate.  Pero la mente dice: "¿Y la caja fuerte en el Banco?  Todavía está a medio llenar.  Tienes que llenarla completamente".

En India lo llaman círculo vicioso del noventa y nueve.  Tienen una historia.
Un barbero pobre era muy feliz, tremendamente feliz, como sólo puede serlo a veces la gente pobre.  No tenía nada de qué preocuparse.  Era el barbero del rey; solía masajearle, arreglarle el cabello, servirle cada día.  Incluso el rey le tenía envidia y siempre le preguntaba: "¿Cuál es el secreto de tu felicidad?  Siempre estás rebosante de alegría.  No pareces caminar sobre la tierra, pareces estar volando. ¿Cuál es tu secreto?" El barbero pobre dijo: "No lo sé.  En realidad nunca antes había oído esa palabra, secreto. ¿Qué quieres decir?  Simplemente soy feliz.  Me gano el pan y luego me retiro.  Eso es todo".

Entonces el rey preguntó a su visir, su primer ministro, que era un hombre de conocimiento, un hombre muy, muy erudito.  Le preguntó: "Tú debes saber el secreto de este barbero.  Yo soy un gran rey y no soy tan feliz; pero ese hombre tan pobre, sin tener nada, es muy feliz".  El primer ministro dijo: "No sabe nada acerca del círculo vicioso del noventa y nueve".  El rey dijo: "¿Qué es eso?" El visir se rió y dijo: "Tú estás en él, pero no lo sabes.  Haremos una cosa.  Esta noche arrojaremos una bolsa con noventa y nueve rupias al interior de su casa".  Al día siguiente el barbero estaba en el infierno; de hecho, no durmió en toda la noche.  Contó las rupias de la bolsa una y otra vez: noventa y nueve.  Y estaba tan entusiasmado, ¿cómo vas a dormir estando tan entusiasmado?  El corazón le palpitaba, la sangre circulaba; debía tener una alta presión sanguínea, una excitación.  Se revolvía y revolvía.  Se levantaba otra vez, tocaba las rupias de oro, las contaba de nuevo.  Nunca había tenido la experiencia de contar rupias, y noventa y nueve era el problema, porque cuando tienes noventa y nueve quieres que sean cien.

Así que planeaba qué hacer al día siguiente para conseguir una rupia; una rupia de oro era algo difícil de conseguir.  Sólo consiguió algunas paisas, que en aquellos días eran suficientes. ¿Cómo conseguir una rupia?  Una rupia, una rupia de oro, significaba casi un mes de trabajo. ¿Qué hacer?  Lo planeó de muchas formas, era un hombre pobre, no sabía mucho acerca del dinero.  Sólo pudo pensar una cosa, que ayunaría un día y comería otro.  Así, poco a poco, podría acumular una rupia, porque cien rupias estaría bien.  La mente es estúpida, tiene que completar las cosas.  La mente es una perfeccionista. ¿Noventa y nueve?.  Se ha creado la obsesión.  Tienen que ser cien.

Estaba triste.  Al día siguiente llegó muy triste y preocupado, no volaba en el cielo, estaba muy sobre la tierra.  No sólo estaba muy sobre la tierra, sino que un gran lastre, como una piedra, colgaba de su cuello.  El rey le preguntó: "¿Qué te pasa?  Pareces muy preocupado".  Él no dijo nada, porque no quería hablar de la bolsa.

Pero cada día la situación empeoraba más y más.  No podía dar bien los masajes porque no tenía energía, a causa del ayuno. Así que el rey le dijo: "¿Qué estas haciendo?  Ahora no pareces tener nada de energía, y pareces tan triste y desgraciado. ¿Qué ha sucedido?" Así que un día tuvo que contárselo al rey porque el rey insistió: "Dímelo, puedo ayudarte.  Dime qué pasa".  Él dijo: "ahora soy una víctima del círculo vicioso del noventa y nueve".

Cuando tienes noventa y nueve, hay un círculo vicioso, quieres que sean cien, es la línea horizontal.  Y no pienses que cuando sean cien, el asunto se detendrá.  Nunca se detiene.  La mente no sabe dónde parar.  No conoce el detenerse.  Por eso cae.  Sigue sin detenerse en ningún sitio, de A a B, de B a C, y sigue y sigue hasta que en Z cae en el infierno.

Luego hay otra forma de vida.  La vertical, no horizontal.  No vas de A a B, de B a C. No, no te mueves en línea, en el mismo plano, al mismo nivel, no.  Vas de A a Al, a A2, a A3 en línea vertical, en profundidad.  Entras en la profundidad de A. Cualquier cosa que sea en el momento, entras profundamente en ello, no vas de este momento al siguiente, sino que entras tan profundamente como puedes en este mismo momento.  Entonces, incluso un momento se convierte en eternidad, y tu felicidad crece y no conoce límites, y tu gozo crece y no conoce límites.  Y nunca hay un desequilibrio, siempre estás equilibrado.  Una mente vertical siempre está en equilibrio, porque una mente vertical ya no es una mente.


Todo el esfuerzo de la meditación es darte una mente vertical.  Una mente vertical significa virtualmente una no-mente.  Entonces te mueves de A a Al, A2, A3, en profundidad. O verticalmente, en altura.  Cuando llega B, de nuevo vas de B a B2, B3.  Nunca te caes de ningún sitio porque siempre entras en la profundidad.  Eso es el retiro,  te has ganado el pan de hoy, ahora te retiras.

Pero tú no sabes retirarte: sigues ganándote el pan también en tus sueños.  Te acuestas y haces planes para mañana y nadie sabe si el mañana vendrá o no.  De hecho, nunca viene.  Siempre es hoy.  Estás haciendo planes para el futuro, sin saber que la muerte destruirá todo futuro.  Sé sabio.  Permanece en el momento.  Vívelo tan totalmente como puedas y entonces no conocerás ninguna muerte.  Un hombre que no está preocupado por el mañana no conoce ninguna muerte.  Se vuelve inmortal, porque la muerte es mañana, la vida es hoy.

La muerte está en el futuro, la vida siempre está en el presente,  éste es el significado del retiro.  No te retiras al final de tu vida, te retiras todos los días, te retiras a cada momento.  Cuando has disfrutado un momento, eso es retiro, es a través del retiro.  Cuando vuelvas de la oficina a tu casa, deja la oficina en la oficina.  No la lleves en tu cabeza, si no, tendrás dolor de cabeza, tendrás que tenerlo. ¡Una cosa tan grande, la oficina, la llevas en tu cabeza! ¡Es pesada! aprende a retirarte de él.

Retirarse todos los días, retirarse a cada momento... La mera palabra "retiro" no nos parece buena, porque da la sensación de vejez, invalidez.  Después de los sesenta y cinco, cuando se acerca la muerte, uno se retira.  No, la palabra "retiro" es muy hermosa.  Retiro significa descanso. El trabajo está hecho, ahora retírate, disfrútalo. No pospongas el disfrutar, ése es el significado de la palabra "retiro".

Disfruta aquí y ahora.

Retírate cuando tu trabajo esté hecho. Así es el camino del Cielo.

Permanece siempre en el medio, permanece siempre dentro de los límites, permanece siempre satisfecho, no anhelando más y más y más.

Abandona la línea horizontal y entra en la vertical.  Retírate.  Y estarás lleno, conocerás la más grande plenitud que la vida pueda darte.  Ése es un momento profundo de total equilibrio, de tranquilidad.  Lo hemos llamado iluminación, liberación, moksha, nirvana o llámalo como tú quieras.”

Por Carlos Inza

Miedo al Abandono

Miedo al Abandono
Escrito por Eva Sandoval

Uno de los miedos que más se ven es el miedo al abandono.

Desde mi mapa, o punto de vista, el miedo al abandono es infantil.

Piénsalo bien:

Si nos abandonan como adultos ¿qué?…

Aunque suene muy fácil de decir pensemos en esto:

El miedo al abandono existe antes de que se produzca el propio abandono, es decir, como la mayoría de los miedos; está en la mente. Si el abandono se produce, que además suele ocurrir dada la atención que se le pone generada por el miedo, ya no hay miedo al abandono sino tristeza, dolor, en muchos casos alivio u otra emoción distinta.

Si en algún momento de nuestra niñez nos sentimos abandonados, cosa bastante común, lo gestionamos de la manera que mejor supimos, por ejemplo: bloqueándolo para evitar el dolor y poder seguir con nuestras vidas….ahora de adultos ese miedo sale para ser transformado. Sale ahora porqué ya tenemos la capacidad de transformarlo y hacerlo desaparecer….pero en lugar de hacer eso, dada nuestra educación, nos colocamos la etiqueta correspondiente: ansiedad, depresión….y nos excusamos en ella.

Uno ve demasiadas personas infelices a causa de este tipo miedos. En lugar de atravesar el miedo, viviéndolo, transformándolo y dejándolo atrás, se pone el freno justo antes de llegar y se le da más y más fuerza ayudando a que ocurra justamente aquello a lo que tememos.

Si sientes miedo al abandono, recuerda: es infantil y ya no eres un niño.

Tienes muchos caminos para elegir, busca el tuyo propio pero elige uno. Muévete. Supera el miedo, atraviesalo, vívelo. Cuando haces eso el miedo se esfuma, desaparece y en su lugar llega la confianza y el amor…

Y si alguien te abandona pues que te abandone, déjale ir, es su decisión, y debes respetarla.

Elegimos las personas con las que compartimos nuestro tiempo igual que ellas nos eligen a nosotros.

Si te amas cada vez más irás encontrando más personas que no te abandonarán sino que te amarán tal como tú haces….recuerda:

¡¡Las personas son espejos de nosotros mismos!!

Si dejas de tener miedo y actúas, encontrarás una fuerza interior en tí que no has sentido antes. Esa fuerza está bloqueada por nuestras mentes/ego que nos protegen de un dolor que ya no duele como antes y para el que tenemos “recursos” :)

Para un niño un adulto es como para un adulto un gigante. Es decir, las proporciones dependen del observador y desde la perspectiva de un niño casi todo es muy grande, pero de adulto ya no hay gigantes. Lo que hay ahora son solo personas que sufren.

Por eso ahora todos estos tipos de miedo: miedo al abandono, miedo al rechazo, etc..cubren un dolor que se puede superar si lo haces desde tu corazón de adulto. La mente tiene el recuerdo antiguo, “piensa” que va a ser igual que cuando “nos abandonaron, rechazaron,etc..” pero hemos crecido y una vez más: Ya no hay gigantes!!

¿Tienes controlada tu ansiedad?

¿Tienes controlada tu ansiedad?

La ansiedad y el miedo son respuestas naturales que todo ser humano tiene para ayudarse a enfrentar alguna amenaza. Son reacciones naturales que nos ayudan a mantener una sensación de seguridad. Sentimos temor cuando nos topamos con una situación que consideramos peligrosa. Experimentamos ansiedad cuando creemos que algo amenazante podría ocurrir en el futuro.

Los componentes básicos del miedo y la ansiedad son los pensamientos, las percepciones de todos los sentidos, los sentimientos y los comportamientos. Cuando nos sentimos temerosos o ansiosos, en cualquier cosa podemos identificar alguna amenaza y pensamos en el peor de todos los escenarios posibles; sentimos excitación y tensión en el cuerpo, y procuramos buscar una salida evitando aquello a lo que tememos. Es importante tener muy claro que estas reacciones son útiles por que nos alertan y preparan sobre alguna posible amenaza. Dado que estas respuestas nos han servido como raza humana para la supervivencia, suceden muy rápidamente, sin tener que pensar mucho sobre lo que está pasando. Nos podemos sentir atemorizados o tensos sin siquiera saber lo que está ocasionando esas reacciones, también podemos evitar situaciones de peligro sin darnos cuenta. Estas reacciones nos sirven para mantenernos a salvo, sobre todo en situaciones de peligro físico.

Ser consciente de estas reacciones.

Aunque ante situaciones de peligro físico el huir o pelear pueden ser las mejores opciones, estas no son necesariamente efectivas al tratarse de otro tipo de amenazas. Por ejemplo, a todos nos gusta ser apreciados por otros y no ser rechazados, tiene que ver con el sentido de pertenencia. Sin embargo en ocasiones, el evitar el rechazo de los demás nos puede acarrear más problemas. Por ejemplo, si estás con ansiedad por algún asunto que tienes que aclarar con tu cónyuge, con alguno de tus hijos o con alguna amistad; podrías estar fingiendo que todo está bien y evitar así un suceso que te imaginas podría ser desagradable. Evitar esta situación no te hará más seguro, como lo haría el evitar caminar por un lugar peligroso en la madrugada. Pero también podrías decidir confrontar la situación porque sabes que en el largo plazo será lo mejor para la relación. Algo que todos sabemos en nuestro interior es que para avanzar en las cosas que más valoramos debemos tomar ciertos riesgos. Es totalmente normal que tomar un riesgo nos haga sentir inseguros, con ansiedad y vulnerables. Así es que, aunque nuestro sistema natural de supervivencia (sistema nervioso autónomo) nos “aconseje” evitar las situaciones amenazantes, en muchas ocasiones lo que tenemos que hacer es confrontarlas para llevar una vida más satisfactoria.

Cuando nuestra imaginación interfiere

Nuestro sistema de supervivencia puede ser afectado por nuestras asociaciones, recuerdos y prejuicios. Nos podemos sentir tan asustados al recordar un evento nefasto, o pensando en algo desafortunado que pudiese pasar, como si estuviéramos enfrentando un peligro físico real. Obtenemos la misma señal de alerta en respuesta a sólo pensamientos que a amenazas reales. De modo tal que en muchas ocasiones nos la pasamos preparándonos y reaccionando ante situaciones pasadas o imaginando amenazas futuras que muy probablemente nunca sucederán.

Las preocupaciones definitivamente aumentan nuestra ansiedad haciendo nuestras vidas más difíciles. Si estamos preocupados de que algo malo pueda suceder, podríamos evitar hacer cosas que pudiesen ser divertidas o enriquecedoras. Por ejemplo, podríamos evitar iniciar una actividad diferente, o iniciar un negocio por temor al fracaso. O tal vez dediquemos mucho tiempo y energía realizando cosas que creemos evitarán que pase algo no deseado en el futuro.  Así pues, nuestra capacidad de pensar e imaginar nos puede crear ansiedad y temor en muchas ocasiones.

Cuando la realidad se nos va

Es evidente que un estado de hipervigilancia que nos ocasione  ansiedad y miedo afectará nuestra calidad de vida. Los pensamientos que tengamos acerca de algo pasado o sobre algo negativo que pudiera suceder en el futuro nos distraen, tanto de lo que está ocurriendo en el ahora, como de todo lo bueno que nos podría pasar. Por ejemplo, si nos la pasamos recreando una situación desagradable que nos pasó en una tienda, en el trabajo o con algún familiar, nos estaremos perdiendo los momentos felices que tenemos enfrente. Como ya mencioné, en ocasiones evitamos hacer ciertas cosas por el temor a crear todavía más tensión y ansiedad. Esto podría hacernos pensar que no tenemos muchas opciones en la vida debido a que debemos invertir mucho tiempo y energía asegurándonos que no nos pasen las cosas negativas. La preocupación y la ansiedad pueden extraer la energía de la gente hasta el grado de hacerlos funcionar en piloto automático, ausentándolos de sus vidas en vez de lograr su total involucramiento. Es muy posible que el nefasto efecto de la preocupación y la ansiedad en la vida de las personas sea peor que la experiencia de sentir preocupación y ansiedad.

Desde el punto de vista fisiológico, una breve explicación de lo anterior es que en el momento en que percibes algo que interpretas como una amenaza tu sistema nervioso autónomo registra esta información y envía un flujo de hormonas que prepararán al cuerpo para responder, activando con esto al sistema nervioso simpático que es el que te prepara para pelear o huir. Un efecto de esto es el de reducir tanto el funcionamiento cognitivo, como el abanico de comportamientos a tu disposición. La información que percibes es SOLO la relacionada a la amenaza, con lo cual tu percepción se limita considerablemente.

La activación del sistema nervioso simpático tiene diversos impactos en tu cuerpo: aumenta la respiración; se abren las arterias del corazón y se incrementan sus latidos; aumenta la presión arterial; se genera adrenalina y otras hormonas de estrés y aumenta la sudoración. Todo esto interfiere con el funcionamiento adecuado del sistema nervioso parasimpático que es el que ayuda a regular los efectos del estrés, manteniendo al cuerpo en las condiciones que propician su salud. Cuando el  sistema nervioso simpático impide al sistema nervioso parasimpático hacer bien su trabajo, éste no puede lograr las siguientes cosas: mantener en niveles adecuados la presión arterial y el ritmo cardiaco; lubricar boca y ojos; permitir el descanso y el sueño y estimular los procesos naturales de sanación del cuerpo.

En resumen:

    la ansiedad reduce nuestra visión para podernos enfocar en la amenaza.
    la preocupación se enfoca en el futuro, por lo que perdemos de vista lo que está ocurriendo en el presente, creando fallas de información.
    es muy difícil darnos cuenta de lo anterior debido a la participación del sistema nervioso autónomo.
    en estados de ansiedad nuestra respuesta es automática y rígida.
    la preocupación nos orilla a creer que no tenemos opciones y que debemos actuar de una cierta manera.
    la preocupación puede resultar tan agotadora que puede dejarte sin ganas de realizar las cosas que te hacen feliz.
    Cuando logramos estados de relajación, paz y apertura, el sistema nervioso parasimpático se activa propiciando que el cuerpo ponga en marcha sus procesos curativos naturales.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Los Apegos

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Los Apegos

Ayer reflexionaba sobre como nos aferramos a nuestros deseos, y como este apego nos causa infelicidad. Si no tenemos lo que deseamos, sufrimos. Y si tenemos lo que deseamos, también sufrimos porque nos entra un miedo tremendo a perderlo. En ambos casos, estamos constantemente enviándole al Universo señales de escasez, porque cada vez que “deseamos” lo que hacemos es vibrar en la frecuencia del “carezco de”….

Estamos apegados a las cosas (la casa, el coche, el dinero, el barco, el avión), a las personas (la pareja, los padres, los hijos, los amigos), a los resultados de nuestras acciones, a los sentimientos, … hasta tal extremo que nos limitamos tremendamente en nuestra capacidad de gozar. Si por ejemplo yo me creo que sólo experimentaré la felicidad cuando tenga pareja, me estoy perdiendo la posibilidad de ser feliz cuando estoy sol@. Si estoy frustad@ y decepcionad@ porque no tengo el éxito que deseo, excluyo de mi vida la opción de ser feliz disfrutando de lo que tengo hoy, aquí y ahora. Lo más divertido es que cuando me desapego, la Vida es mucho más amplia y gratificante! Puedo experimentar la felicidad con todo y con todos, por lo que el campo de mis experiencias se amplia sin límites…

En realidad, lo que deseamos viene determinado por nuestra programación. Nos educaron para creernos que sólo podemos ser felices “si tenemos ciertas cosas” o “si somos de una determinada manera”. Esto es sólo una creencia, y si lo elejimos, la podemos cambiar… Este trocito del libro de Anthony de Mello “Una Llamada al Amor“ lo explica claramente:

“¿Qué puede hacerse para alcanzar la felicidad? No hay nada que tú ni cualquier otro podáis hacer. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que ahora mismo ya eres feliz, ¿y cómo vas a adquirir lo que ya tienes? Pero, si es así, ¿por qué no experimentas esa felicidad que ya posees? Pues, simplemente, porque tu mente no deja de producir infelicidad. Arroja esa infelicidad de tu mente, y al instante aflorará al exterior la felicidad que siempre te ha pertenecido. ¿Y cómo se arroja fuera la infelicidad? Descubre qué es lo que la origina y examina la causa abiertamente y sin temor: la infelicidad desaparecerá automáticamente.

Ahora bien, si te fijas como es debido, verás que hay una sola cosa que origina la infelicidad: el apego. ¿Y qué es un apego? Es un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz. Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo del placer y la emoción, el estremecimiento que experimentas cuando logras aquello a lo que estás apegado. El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. Imagínate a alguien encerrado en un campo de concentración y que no deja de engullir comida: con una mano se lleva la comida a la boca, mientras que con la otra protege la comida restante de la codicia de sus compañeros de encierro, que tratarán de arrebatársela en cuanto baje la guardia. He ahí la imagen perfecta de la persona apegada. Por su propia naturaleza, el apego te hace vulnerable al desorden emocional y amenaza constantemente con hacer añicos tu paz. ¿Cómo puedes esperar, entonces, que una persona apegada acceda a ese océano de felicidad que llamamos el “Reino de Dios”? ¡Es como esperar que un camello pase por el ojo de una aguja!

Ahora bien, lo verdaderamente trágico del apego es que, si no se consigue su objeto, origina infelicidad; y, si se consigue, no origina propiamente la felicidad, sino que simplemente produce un instante de placer, seguido de la preocupación y el temor de perder dicho objeto. Dirás: “Entonces, ¿no puedo tener ni un solo apego?”. Por supuesto que sí. Puedes tener todos los apegos que quieras. Pero por cada uno de ellos tendrás que pagar un precio en forma de pérdida de felicidad. Fíjate bien: los apegos son de tal naturaleza que, aun cuando lograras satisfacer muchos de ellos a lo largo de un día, con que sólo hubiera uno que no pudieras satisfacer, bastaría para obsesionarte y hacerte infeliz. No hay manera de ganar la batalla de los apegos. Pretender un apego sin infelicidad es algo así como buscar agua que no sea húmeda. Jamás ha habido nadie que haya dado con la fórmula para conservar los objetos de los propios apegos sin lucha, sin preocupación, sin temor y sin caer, tarde o temprano, derrotado.

En realidad, sin embargo, sí hay una forma de ganar la batalla de los apegos: renunciar a ellos. Contrariamente a lo que suele creerse, renunciar a los apegos es fácil. Todo lo que hay que hacer es ver, pero ver realmente, las siguientes verdades.

Primera verdad: estás aferrado a una falsa creencia, a saber, la de que sin una cosa o persona determinada no puedes ser feliz. Examina tus apegos uno a uno y comprobarás la falsedad de semejante creencia. Tal vez tu corazón se resista a ello; pero, en el momento en que consigas verlo, el resultado emocional se producirá de inmediato, y en ese mismo instante el apego perderá su fuerza.

Segunda verdad: si te limitas a disfrutar las cosas, negándote a quedar apegado a ellas, es decir, negándote a creer que no podrás ser feliz sin ellas, te ahorrarás toda la lucha y toda la tensión emocional que supone el protegerlas y conservarlas. ¿No conoces lo que es poder conservar todos los objetos de tus distintos apegos, sin renunciar a uno sólo de ellos, y poder disfrutarlos más aún a base de no apegarte ni aferrarte a ellos, porque te encuentras pacífico y relajado y no sientes la menor amenaza en relación a su disfrute?

Tercera y última verdad: si aprendes a disfrutar el aroma de un millar de flores, no te aferrarás a ninguna de ellas ni sufrirás cuando no puedas conseguirla. Si tienes mil platos favoritos, la pérdida de uno de ellos te pasará inadvertida, y tu felicidad no sufrirá menoscabo. Pero son precisamente tus apegos los que te impiden desarrollar un más amplio y más variado gusto por las cosas y las personas.

A la luz de estas tres verdades, no hay apego que sobreviva. Pero la luz, para que tenga efecto, debe brillar ininterrumpidamente. Los apegos sólo pueden medrar en la oscuridad del engaño y la ilusión. Si el rico no puede acceder al reino del gozo y de la alegría, no es porque quiera ser malo, sino porque decide ser ciego.”

La Paz Perfecta

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta.
Muchos artistas lo intentaron, el rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo.
Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban.
Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas.
Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura también tenía montañas, pero estas eran escabrosas y descubiertas.
Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos.
Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua.
En todo esto no se revelaba nada pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, observó que tras la cascada había un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca.
En este arbusto se encontraba un nido.
Allí, en medio del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido... Sin dudarlo el Rey escogió esta pintura y explicó: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas, exista calma y serenidad dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

Los cuatro acuerdos

La domesticación y el sueño del planeta.

¿Son las cosas como las vemos, como las sentimos, o básicamente interpretamos lo que nos han enseñado a interpretar?

Para la milenaria cultura tolteca (México) la “realidad” que asumimos socialmente no es más que un sueño colectivo, el sueño del planeta. Desde el momento mismo de nacer, interpretamos la realidad mediante acuerdos, y así, acordamos con el mundo adulto lo que es una mesa y lo que es un vestido, pero también lo que “está bien” y lo que “está mal”, e incluso quiénes somos o cuál es nuestro lugar en el mundo (en la familia, en clase, en el trabajo). A este proceso el filósofo mexicano de origen tolteca Miguel Ruiz lo denomina domesticación.

“La domesticación es tan poderosa que, en un determinado momento de nuestra vida ya no necesitamos que nadie nos domestique. No necesitamos que mamá o papá, la escuela o la iglesia nos domestiquen. Estamos tan bien entrenados que somos nuestro propio domador. Somos un animal autodomesticado”.
El juez y la víctima

En el transcurso de este aprendizaje incorporamos en nuestra propia personalidad al juez y a la víctima.

El juez representa esa tendencia en nuestra mente que nos recuerda continuamente el libro de la ley que gobierna nuestra vida -lo que está bien y lo que está mal-, nos premia y, más frecuentemente, nos castiga. La víctima es esa parte en cada persona que sufre las exigencias de su propio juez interior. Sufrimos, nos arrepentimos, nos culpabilizamos, nos custigamos por la misma causa una y otra vez, cada vez que el recuerdo nos pasa factura.

Y como consecuencia del propio sistema, el miedo se instaura en nuestra vida.

El miedo y las autoexigencias son los peores enemigos de nuestro pensamiento, y por ende, de nuestra vida. Durante el proceso de domesticación nos formamos una imagen mental de la perfección, lo cual no está mal como camino marcado a seguir. “El problema es que como no somos perfectos nos rechazamos a nosotros mismos. Y el grado de rechazo depende de lo efectivas que han sido las personas adultas para romper nuestra integridad”, según M.R.

Si el libro de la ley que gobierna nuestra vida (nuestra moral, nuestra lógica, nuestro “sentido común”) no cumple sus objetivos, que en su base fundamental consistiría en hacernos seres humanos felices y en armonía, es porque evidentemente éste no funciona. Y como no funciona hay que cambiarlo. Y ello lo hacemos revisando nuestros acuerdos (nuestra interpretación incuestionable, nuestro sistema de valores), desenmascarando los que no valen y sustituyéndolos por otros.

La filosofía tolteca nos propone cuatro acuerdos básicos:

1. Sé impecable con la palabra.

Las palabras poseen una gran fuerza creadora, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Las palabras son mágicas: de la nada y sin materia alguna se puede transformar lo que sea. El que la utilicemos como magia blanca o como magia negra depende de cada cual.

Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo, nuestro amor, nuestra admiración, nuestra aceptación, pero también podemos matar su autoestima, sus esperanzas, condenarle al fracaso, aniquilarle. Incluso con nuestra propia persona: las palabras que verbalizamos o las que pensamos nos están creando cada día. Las expresiones de queja nos convierten en víctimas; las crítica, en jueces prepotentes; un lenguaje machista nos mantienen en un mundo androcéntrico, donde el hombre es la medida y el centro de todas las cosas, y las descalificaciones autovictimistas (pobre de mí, todo lo hago mal, qué mala suerte tengo) nos derrotan de antemano.

Si somos conscientes del poder de nuestras palabras, de su enorme valor, las utilizaremos con cuidado, sabiendo que cada una de ellas está creando algo. La propuesta de Miguel Ruiz es, por tanto:
“Utiliza las palabras apropiadamente. Empléalas para compartir el amor. Usa la magia blanca empezando por ti. SÉ IMPECABLE CON LA PALABRA”.

2. No te tomes nada personalmente.

Cada cual vive su propia película en la cual es protagonista. Cada cual afronta su propia odisea viviendo su vida y resolviendo sus conflictos y sus miserias personales. Cada cual quiere sobrevivir el sueño colectivo y ser feliz. Y cada cual lo hace lo mejor que puede dentro de sus circunstancias y sus limitaciones.

Las demás personas sólo somos figurantes en esa película que cada cual hace de su vida, o a lo sumo personajes secundarios. Si alguien me insulta por la calle (o yo lo percibo así) con casi toda seguridad no tiene nada o muy poco que ver conmigo; es simplemente su reacción a algo que está pasando fuera (un mal día con su pareja o en el trabajo, una discusión con su hija), o más probablemente dentro (preocupaciones, ansiedad, frustración, impaciencia, una gastritis o un dolor de cabeza).

La impaciencia o las exigencias de tu pareja, de la vecina del rellano o de la cajera del supermercado, las críticas de tu hijo o en el trabajo, nada de eso es personal. Cada cual está reaccionando a su propia película.

Hay mucha magia negra fuera, lo mismo que la hay dentro de ti misma, o de mí. En cualquiera, en algún momento de su vida, en algún momento del día. Todo el mundo somos “depredadores emocionales” alguna que otra vez.

“Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros… Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te tomas las cosas personalmente serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio del infierno”, asegura Miguel Ruiz.

Comprender y asumir este acuerdo nos aporta una enorme libertad. “Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan sobre ti las demás personas. Nunca eres responsable de los actos o palabras de las demás personas, sólo de las tuyas propias. Dirás “te amo” sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen”. Siempre puedes seguir a tu corazón.
Respecto a la opinión ajena, para bien o para mal, mejor no depender de ella. Ésa es otra película. NO TE TOMES LAS COSAS PERSONALMENTE.

3. No hagas suposiciones.

Tendemos a hacer suposiciones y a sacar conclusiones sobre todo. El problema es que al hacerlo creemos que lo que suponemos es cierto y montamos una realidad sobre ello. Y no siempre es positiva o está guiada por la confianza o el amor, sino más frecuentemente por el miedo y nuestra propia inseguridad.

Deduzco que alguien se ha enfadado conmigo porque no respondió a mi saludo al cruzarnos y mi mente organiza toda una realidad sobre eso. Y se rompen puentes entre la otra persona y yo, difíciles de salvar. Lo mismo con nuestra pareja, con la vecina, con la escuela. Creamos realidades en base a comentarios o elementos sueltos (cuando no en base a chismes malintencionados).

“La manera de evitar las suposiciones es preguntar. Asegúrate de que las cosas te queden claras… e incluso entonces, no supongas que lo sabes todo sobre esa situación en particular”, insiste Miguel Ruiz. En última instancia y si te dejas guiar por la buena voluntad, siempre te queda la confianza… y la aceptación.
Nunca nada que pasa fuera es personal. Pero en cualquier caso, NO SAQUES CONCLUSIONES PRECIPITADAMENTE.

4. Haz siempre lo mejor que puedas.

El cuarto y último acuerdo permite que los otros tres se conviertan en hábitos profundamente arraigados: haz siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Siendo así, pase lo que pase aceptaremos las consecuencias de buen grado. Hacerlo lo mejor posible no significa que tú y yo tengamos que hacerlo de la misma manera, ni siquiera que mi respuesta en estos momentos sea la misma que en otro que me siento cansada, o no he dormido bien, o me siento llena de amor y confianza y tremendamente generosa. Se podría decir que en cada momento de nuestra vida somos diferentes, en unas circunstancias y con unas limitaciones concretas. A veces podemos responder a lo que interpretamos como una “provocación” con una sonrisa irónica o divertida, con sentido del humor, o con una carcajada retadora, o incluso a gritos. Pero siempre podemos intentar ser impecables con la palabra, no tomárnoslo personalmente y no sacar conclusiones precipitadas… dentro de nuestras limitaciones físicas, anímicas y en general, de cada momento. Si lo intentamos, de la mejor manera que podemos, ya es suficiente.
“Verdaderamente, para triunfar en el cumplimiento de estos acuerdos necesitamos utilizar todo el poder que tenemos. De modo que, si te caes, no te juzgues. No le des a tu juez interior la satisfacción de convertirte en una víctima. Simplemente, empieza otra vez desde el principio.”

Con la práctica será cada vez más fácil hasta que, sorpresa, la identificación es prácticamente completa y los cuatro acuerdos forman parte de nuestra manera de ser. Simplemente somos así.

Sin duda nuestra vida será más sencilla y satisfactoria, para nosotras mismas y para las demás personas que nos rodean.

(Sobre el libro de Miguel Ruiz, “Los cuatro acuerdos”, Editorial Urano).

Los otros como espejo de ti mismo

Los otros como espejo de ti mismo

Cuando alguno de nuestros sentimientos, deseos o intenciones nos avergüenza o no somos capaces de explicarlo, muchas veces lo atribuimos a los demás. Estamos proyectando un problema nuestro que nos negamos a ver. Al darnos cuenta, tenemos la oportunidad de mejorar la relación con los demás, y sobre todo, con nosotros mismos.

Clara llegó algo inquieta al parque dónde había quedado con Cristina. Era una soleada tarde de octubre y habían decidido dar un paseo aprovechando el apacible tiempo de aquél otoño.

- ¡Hola Cris!. Saludó Clara.

- Hola Clara, que puntual has llegado... ¿Qué tal te está yendo la semana?

- Bien, pero podría ir mejor, créeme. Hoy he tenido un día fatal en el trabajo, estoy muy cansada, ¡siempre lo mismo!.

- ¿Por qué?, ¿qué ocurre?

- ¿Te acuerdas que te hablé de María, mi compañera de trabajo? ¡Pues me tiene harta!.

- Pero ¿que te ha hecho?. Ah, pero antes, ya verás saca tu libreta y toma nota de todo lo que dices de ella. ¡Nos servirá para hacer un ejercicio muy interesante!

Clara sacó su libreta y empezó a anotar todo lo que se le ocurría sobre su compañera.

- Pues que tengo que hacer yo el trabajo que ella no hace, es una vaga - prosiguió Clara- siempre se está escaqueando. Lo deja todo para el último momento, y claro, al final soy yo la que tengo que apechugar con lo suyo.

- No será para tanto ¿no?

- Bueno, para mi sí. Llega tarde, siempre tiene alguna excusa para no hacer su trabajo, no hay quien la entienda. Tendría que estar agradecida por tener el que tiene, que no está mal , la verdad. Es una privilegiada. Le falta motivación y entrega .

- ¿No crees que estás proyectando, Clara?

- ¿Y eso qué es?.

- Mira, todos tenemos tendencia a proyectar sobre los demás actitudes que en realidad son nuestras. Vemos en los demás lo que somos nosotros mismos.

- ¡De eso nada!. Yo en el trabajo me esfuerzo mucho, siempre estoy pendiente de todo, incluso de lo que no es mío. Yo no hago lo que hace María. Es más, tengo fama de todo lo contrario- Contestó Clara algo alterada.

- Bueno, déjame seguir ¿te parece?- le interrumpió Cristina divertida por la reacción- el hecho que te cause esa reacción es señal de que eso que percibes en María es también tuyo, si no lo fuera no te causaría ningún efecto emocional.

Lo que cada uno percibe del mundo físico es un reflejo de su interior, es una imagen que nos devuelve exactamente tal y como somos. Por eso la misma situación es percibida de diferente manera por según quien la experimente.

- ¡Pero insisto que yo no soy como ella!.

- Ya verás como en parte sí. Una de las características de proyectarse en otros es que percibes que los demás te hacen exactamente lo que te haces a ti misma. En éste caso, una parte tuya es perezosa, como María. Repite en voz alta lo mismo que has escrito sobre ella pero en primera persona, con el yo delante.

SOY COMO YO Y TAMBIÉN COMO TU

-“Soy una perezosa, alguien me tiene que hacer mi trabajo porque me escaqueo. Lo dejo todo para el final y tienen que hacerlo por mi. Llego tarde y siempre tengo una excusa para no hacer mi trabajo. No hay quien me entienda, tendría que estar agradecida de tenerlo, que no está mal, la verdad. Soy una privilegiada a la que le falta motivación y entrega- dijo Clara de ella misma.

- Dime Clara, hay en alguna faceta de tu vida en la que actúes así?- preguntó Cristina.

-Mientras lo decía me suena muchísimo a lo que me dice mi madre con respecto al trabajo de la casa; vamos, ¡que es casi lo mismo!. Bien pensado, es verdad que para otro tipo de trabajos soy perezosa, y no sólo por lo que dice mi madre. También me cuesta hacer deporte, y sé que es bueno para mi salud, ¡pero me da tanta pereza!.

- ¿Y por qué te cuesta tanto el trabajo de casa?

- Pues porque me aburre, llego tarde del trabajo, estoy cansada. Bueno creo en realidad no me gusta ocuparme de la casa, aunque sé que debería colaborar más.

- ¿No te parece que tienes la misma falta de motivación que tiene María en la oficina?

- Ya, pero es que allí somos muchos trabajando y si ella no hace su trabajo nosotros lo sufrimos.

- Y si tú no haces tu parte del trabajo de casa la que sufre es tu madre, ¿no te parece?

- Pues es verdad - contestó Clara. Me parece que lo que he dicho me ha dejado en evidencia!

- En lugar de trabajar con gusto en tu casa, disfrutar de mantenerla ordenada y limpia, te desmotivas y la abandonas enrareciendo el ambiente con tu madre; haces lo mismo que María en la oficina. Abusas de tu madre y de su tiempo de la misma manera que María abusa de ti. No valoras el trabajo de tu madre de la misma manera que María no valora el tuyo. ¿te parece eso justo?

- No, ni una cosa ni la otra. Es verdad. ¡Pero no sé como salir de esto!

UNA CUESTIÓN DE ACTITUD

- El caso es que tienes muy buena actitud de trabajo en la oficina, pero en casa no, y no puede ser. Es algo que has de trabajar, igual que María ha de mejorar su actitud en el trabajo. ¿Tu que le recomendarías a María que hiciera en la oficina?¿que tendría que hacer para que estuvieras contenta con ella?. Escribe todo lo que le dirías...

- Pues le diría que tuviera más ánimo en su trabajo, que se motivara, que fuera más creativa. Tendría que llegar con muchas más ganas a trabajar, pensando en cómo ayudarme en lugar de cómo escaquearse. El ambiente mejoraría muchísimo, seríamos un equipo. Pero sobre todo le diría que, ya que tiene que hacerlo, que aprenda a disfrutarlo. Se puede disfrutar de las obligaciones, pero hay que renunciar a las excusas.

- Pues ¡aplícate el cuento ! Has de hacer en casa lo mismo que le recomiendas a María.

- Sólo si tu te conviertes en ejemplo y superas tu propia pereza puedes ayudar a María a superar la suya. La misma motivación que te aplicas en el trabajo de la oficina puedes aplicártelo para el de casa. ¿Entiendes ahora lo que es proyectarse en los demás?

- Ya entiendo. ¡creo que tengo mucho trabajo!. Bueno, por lo menos ahora la entiendo mejor. Antes sólo veía mi parte, ahora puedo entender que a ella le pase lo mismo....

- De lo que se trata es que te concentres en superar tu propio patrón. Cuando uno modifica la actitud interna, la magia de la proyección es que el exterior te dará la imagen de tu nueva Clara motivada y trabajadora. Puede ocurrir que María empiece a trabajar mejor, o puede haber un cambio inesperado en la oficina y te pongan una nueva compañera que refleja tu nueva actitud. ¡Quién lo sabe!.

PARA RESOLVER UNA PROYECCIÓN

Las reacciones emocionales que muestras ante las circunstancias de la vida son fuentes de información sobre ti mismo. Si aprendes a observarte en ellas, podrás percibir qué parte de ti estás reconociendo en el otro.

Obsérvate

Cuando sientes que alguien “te hace algo” y reaccionas emocionalmente . tu reacción indica que se trata de una proyección, algo que te haces a ti mismo, te estás “re-conociendo” en alguien, en una situación determinada. Tu reacción automática reproduce un patrón aprendido que aplicas involuntariamente.

Describe el patrón

El siguiente paso es reconocerlo en ti. Siéntate y describe con todo lujo de detalles la actitud que te causa reacción emocional. Describe qué hace esa persona, cuándo lo hace, cómo se comporta contigo, y sobre todo cómo te hace sentir a ti esa actitud.

Si tu reacción es negativa significa que una parte de ti hace algo que no te gusta y otra reacciona en contra, y por lo tanto tienes un conflicto interno por reconocer y solucionar.

Si tu reacción es positiva significa que tu reflejo muestra una parte que te gusta de ti mismo, de la que no eres consciente. Tienes una virtud interna sin reconocer, algo positivo y que aprecias de ti mismo.

Reconócete

No se puede transformar nada que previamente uno no reconoce. Tanto si la proyección es positiva como negativa, has de aceptar esa parte tuya. Lo que ves en el exterior no es mas que una representación de las ideas y actitudes que albergas sobre ti y el mundo. Si es positiva podrás buscar esa virtud que admiras de alguien, descubrirla en ti para ejercitarla conscientemente. Si es negativa podrás descubrir que eso que no te gusta en los demás tampoco te gusta en ti, y aprender a cultivar la cualidad contraria y transformarte.

¿Se lo haces a los demás?

¿Dónde haces tú lo mismo? ¿A quién? ¿En que momentos? ¿Por qué lo haces?. Te darás cuenta que lo que recibes del exterior es reflejo de lo que tu das, a ésa o a otra persona. Por ejemplo, ¿sueles desconfiar de quien desconfía de ti, o confiar en quien confía en ti?. Uno sólo es libre cuando no le afecta delante de quien esté, su actitud es resultado de una elección y no de una reacción automática demasiado dependiente del entorno.

¿ Te lo haces a ti mismo?

Todo eso que “haces” a los demás, en realidad no es más que un reflejo de lo que “te haces” a ti mismo. Por ejemplo, si te molesta que te critiquen, es muy posible que no sólo critiques a los demás, sino también a ti mismo, y a veces de forma desmedida o injusta. Identificas los momentos que haces eso contigo. El cambio real está en modificar esa actitud, si tu no estás esa dinámica, no habrá de que preocuparse, no te afectará que te critiquen o no.

Habla con tu proyección

En el siguiente paso podrías contestar a las siguientes preguntas: ¿Qué crees que tendría que cambiar esa persona para quedar tu satisfecho? ¿Cómo crees que tendría que actuar? ¿Cómo te gustaría que te tratara?. Toma bolígrafo y papel y descríbelo con todo lujo de detalles. Pero no es para que se lo digas al otro, sino para que trabajes contigo. Se trata de transformar tu propia actitud, aprovechando lo que te dice tu proyección.

Aplícate el cuento

has descubierto algo en alguien y has reconocido que ese algo también está en ti. ahora se trata de que te apliques a tí y tu actitud el mismo cuento que le recomiendas a tu proyección. Conviértete en eso que deseas ver en los demás, emplea tu energía en cambiarte a ti, y no en tratar de cambiar al otro . Tu sabes lo que te haría feliz recibir de los demás, empieza por dártelo a ti mismo. En la medida en que aprendas a transformar tu interior, irás encontrando la manera de hacer lo mismo en el exterior.

Beatriz Fernández del Castillo
Autora de “La clave está en tus sueños”
Publicado en la revista MENTE SANA Nº 5

Una Nueva Caja de Creencias

Una Nueva Caja de Creencias
Escrito por Eva Sandoval

El mundo ha cambiado y sigue cambiando. Igual que tendría poco sentido llamar a una operadora para hacer una llamada al extranjero en este momento, tiene muy poco sentido seguir con muchas de las creencias que aún se escuchan. La mayoría están obsoletas y son las causantes de muchos de nuestros “problemas”, disgustos, frustraciones, depresiones, etc…

¿Cómo detectarlas?

Lo primero que podemos hacer es conocerlas. La mayoría de creencias están “camufladas”, es decir, son tan creadoras de la “realidad” que se confunden con la misma. Observando nuestra realidad podremos darnos cuenta de qué creencias tenemos y de repente, seremos conscientes de ellas y podremos actuar.

La otra manera fácil de saber que creencias tienes está en tu dialogo interno, ¿Qué te dices a ti mism@? Por ejemplo cuando haces algo que querrías haber hecho de otra manera (algunos lo llaman equivocarse…), ¿Qué te dices?: “Qué fantástic@ que soy que me he dado cuenta” o “Seré tont@!!”. Exactamente ahí es donde está la creencia: Soy tont@ o Soy Fantastic@… muy sencillo!

Otra manera de saber que creencias tenemos es escuchando nuestras reacciones delante de otras personas o información aunque esto lo dejaremos para otro post.

¿De dónde vienen?

La mayoría de ellas de nuestros padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos, hermanas, amigos, amigas, profesores, profesoras, cuidadores y cuidadoras*. Y casi todas llevan contig@ desde entre los 0 y los 6 años, momento en el que tenías ningún filtro y las diste por buenas.

*Fíjate en este detalle: Si llego a poner todo en masculino, padres, abuelos, hermanos…..tu cerebro probablemente hubiera incluido a los dos. Pero si lo pongo en femenino: madres, abuelas, hermanas….tu cerebro probablemente excluye el masculino, eso es un ejemplo claro de programación :D

Una lista de algunas de ellas

Vamos a listar algunas para ayudarte a reconocerlas, a ver si te suenan. Ten en cuenta que si están operando en ti, es lo que tienes en tu vida, así que, como ya hemos visto, es muy fácil que digas: “Eso no es una creencia es la realidad”, estamos de acuerdo porqué es lo mismo. Esas creencias están creando tu realidad y la de muchos, por eso encima lo corroboras sin parar…esa es la clave, así es como puedes saber que tienes esa creencia.

Algunas creencias que pueden mantenerte estancad@:

- Estás mejor calladit@ / Tú que vas a saber / Siempre la “cagas” / No das una buena / No inventas una buena

- Todo lo que tocas lo rompes / Tienes manos de mantequilla / Quietecirt@ estás más mon@

- Nunca aprenderás / Nunca cambiarás / Siempre serás un don nadie / Acabarás de barrendero (como si tuviera algo de malo….)

- Así no llegarás a ninguna parte / Si haces las cosas a tu manera te equivocarás / La curiosidad mató al gato (toma ya, a cortar todo tipo de curiosidad y convertirnos en autómatas)

Las que consiguen que la vida sea “como es”:

- La vida es muy dura / Toda la vida trabajando para esto (se oye mucho en los entierros).

- Sin esfuerzo no se consigue nada (pero venga a jugar a la lotería, ¿para qué?)

- Todo en la vida tiene un precio.

- Nadie regala nada

- No te fíes de nadie.

Las que impiden disfrutar de la vida:

- Ganarás en pan con el sudor de tu frente (así que ya sabes a sudar o no hay pan, suerte que ahora es verano :D )

- A partir de los 30/40/50 (según generación) vamos para abajo.

- Nunca es suficiente, siempre puedes hacerlo mejor. (En mi opinión esta es una de las que más puede estar causando profunda insatisfacción)

- Cuando todo va bien desconfía que algo malo pasará: Esta tiene muchos “hermanos”: Siete años de vacas gordas siete años de vacas flacas, Nunca se puede estar tranquil@…

Las que nos mantienen cerrad@s a las relaciones y al AMOR:

- El amor duele.

- Piensa mal y acertarás (madre mía)

- Si quieres a alguien no se lo demuestres o te hará daño (pues vamos apañados sin demostrar amor por miedo!)

- Más vale malo conocido que bueno por conocer (Toma ya…..)

- Quien bien te quiere bien te hará llorar (ya sabes, a aguantar lo que te echen que te quiere fijo :o )

- Sólo hay un amor verdadero: Aquí disney y Hollywood se llevan la palma

- Si me porto “mal” me van a castigar / Hay que portarse “bien: Esta super cacho de trozo de creencia está tan tan normalizada que no me extraña que haya tanto miedo a ser un@ mism@, estamos perfectamente domesticad@s para portarnos “bien” y habría que ver que es bien….¿Ir al médico? ¿Hacer los deberes? ¿Preparar la comida? ¿Tener una carrera? ¿Un trabajo “estable”? ¿Aburrirse?

- No llores que te pones fea / Y su versión masculina: No llores que pareces una nena o un marica (a gusto del consumidor)

- Lo único que te quedará es la familia (No importa si no tenéis nada en común, tú ahí que es la familia…)

Conclusión: Una Nueva Caja de Creencias

Toda la información que te resuene es la que está creando tu realidad ahora mismo. Recuerda que lo diste por “bueno” cuando no tenías filtros y ahora se repite una y otra vez. Así con este panorama no me extraña que “haya crisis”, no creo sinceramente que la crisis sea económica, política o financiera. Creo que es una “Crisis de Valores”, por supuesto que, desde mi punto de vista actual ningún sistema “público/autoritario” funciona pero lo fundamental es volver al individuo y desde ahí crear! Hemos perdido la conexión con nosotr@s mism@s y una manera de recuperarlo es creando nuestra propia y Nueva Caja de Creencias, hazlo como te apetezca pero mi propuesta es: Créala y Vive desde ahí!!! siempre la puedes ir modificando ;)

    Cambiar las creencias es cambiar la realidad.

Mi Nueva Caja de Creencias

Tal vez sirve que compartamos algunas de las creencias que tenemos en nuestra Nueva Caja de Creencias, por eso aquí van algunas de las mías, las puedes copiar, de hecho copiar es otra de las cosas que se “castigan” en el colegio y yo creo que es cooperación :D

- HAGA LO QUE HAGA TODO ME SALE BIEN.

- LAS PERSONAS SON MARAVILLOSAS

- LA VIDA ME REGALA TODO LO QUE LE PIDO

- ME MEREZCO LO MEJOR

- SOY UN SER MARAVILLOSO Y QUERIDO

- PUEDO HACER TODO LO QUE QUIERA

- LA VIDA ES PARA DISFRUTARLA

- SOY YO MISMA SIEMPRE

- ………¿Qué hay en tu Nueva Caja de Creencias?