MITO # 3 El mundo físico es todo lo que hay.
Atada a la materia, la ciencia tradicional asume que cualquier cosa que no pueda ser medida, examinada en
un laboratorio o comprobada por los cinco sentidos y sus extensiones tecnológicas, simplemente no existe. Es
"irreal". La consecuencia: toda la realidad se ha reducido a la realidad física. La dimensión espiritual, o lo que
yo llamaría dimensiones no físicas de la realidad han sido desterradas.
Esto choca con la "filosofía perenne", ese consenso filosófico que se extiende a través de épocas, religiones,
tradiciones y culturas, que describe dimensiones de la realidad diferentes, pero continuas. Estas van de las
más densas y menos conscientes - lo que llamaríamos 'materia' - a las menos densas y más conscientes - que
llamaríamos dimensiones espirituales -.
Curiosamente, este modelo extendido, multidimensional, de la realidad es sugerido por teóricos cuánticos
tales como Jack Scarfetti, que describe el viaje superluminal. Otras dimensiones de la realidad se usan para
explicar los viajes que ocurren a velocidad mayor que la de la luz, el último de los límites de velocidad. O
considere el trabajo del legendario físico David Bohm con su modelo multidimensional de la realidad
desarrollada (física) e implicada (no física).
Esto no es mera teoría: el Experimento Aspect de 1982 en Francia demostró que dos partículas cuánticas
que habían estado conectadas alguna vez, cuando eran separadas por vastas distancias permanecían
conectadas de alguna manera. Si se cambiaba una partícula, la otra cambiaba instantáneamente. Los
científicos no conocen la mecánica de cómo ocurre este viaje más rápido que la velocidad de la luz, aunque
algunos teóricos sugieren que esta conexión tiene lugar por medio de puertas a dimensiones superiores.
Así pues, al contrario de lo que pudieran pensar aquellos que se empeñan en su lealtad al paradigma
tradicional, las personas pioneras e influyentes con las que hablé, sentían que no hemos alcanzado el pináculo
del desarrollo humano, estamos conectados, más que separados, con el resto de la vida y el espectro
completo de la conciencia comprende tanto la dimensión física como una multitud de dimensiones no físicas de
la realidad.
En esencia, esta nueva visión del mundo supone que usted se vea a sí mismo, a los demás y a toda la vida,
no con los ojos de nuestro pequeño ser terrenal, que vive en el tiempo y ha nacido en el tiempo; sino, más
bien, a través de los ojos del espíritu, de nuestro Ser, de el Verdadero Sí mismo. Una a una, las personas
están pasando a esta órbita superior.
El mensaje es: el problema de la humanidad está profundamente
arraigado en la mente misma. O más bien, en nuestra identificación errónea con nuestra mente.
Nuestra conciencia fluctuante, nuestra tendencia a tomar el camino de menor esfuerzo sin estar totalmente
despiertos al momento presente, crea un vacío. Y la mente atada al tiempo, que ha sido diseñada para ser un
sirviente útil, busca compensación proclamándose el amo. Como una mariposa que revolotea de una flor a
otra, la mente se aferra a las experiencias pasadas o, proyectando su propia película, anticipa lo que va a
venir. Rara vez nos encontramos descansando en la profundidad oceánica del aquí y ahora. Porque es aquí -
en el Ahora - donde encontramos nuestro Verdadero Ser, que está detrás de nuestro cuerpo físico, nuestras
emociones cambiantes y nuestra mente parlanchina.
La gloria suprema del desarrollo humano no se apoya en nuestra habilidad para pensar y razonar, aunque
esto es lo que nos distingue de los animales. El intelecto, como el instinto, es simplemente un punto a lo largo
del camino. Nuestro destino último es volver a conectarnos con nuestro Ser esencial y expresar nuestra
realidad extraordinaria, divina, en el mundo físico ordinario, momento a momento.
(del prologo del libro de Eckhart Tolle "El Poder del ahora)
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